No hablo de personas acomodaticias o con poca personalidad, que a veces el positivismo se confunde con la tontería, no:

Hablo de personas que han entendido la vida y el amor y que, en cualquier circunstancia, eligen sentirse bien.

Analicemos como ejemplo este preciso momento: yo escribo, tú lees (en realidad son dos momentos diferentes y eso le da un toque surrealista muy divertido), yo respiro, tú también; yo estoy frente a la ría viendo los barcos, no sé dónde estarás tú pero mira a tu alrededor: seguro que hay objetos, seres o paisajes que están ahí, rodeándote.

Yo escucho los gritos de las gaviotas, los coches y la conversación de la mesa de al lado. ¿Tú qué oyes?. Yo toco el bolígrafo y la mesa rugosa y huelo el aroma del café. No digo nada, estoy en silencio. Escribiendo. Escribiéndote.

¿Cómo es tu entorno, ese que ves, escuchas, tocas, sientes? ¿Te gusta? ¿Te desagrada? En realidad no es necesario ponerle calificativos, el entorno no suele ser bueno ni malo, solo ES. Nosotros somos los que le ponemos un matiz de juicio, pero no hace falta. Si te fijas, yo respiro y tú también. Yo escribo y tú lees. Los dos estamos vivos (cada uno en su momento) y eso es un placer.

Creo que no es tanto que me guste la gente positiva, sino más bien la gente consciente de ser, porque al serlo, disfrutan.

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