Abro el correo y veo que, en estos días, los únicos que me escriben son los infoproductores, las newsletters o los blogs a los que estoy suscrita.

Todos emitimos y todos recibimos.

La emisión puede ser en forma de fotografía en una red social, comentario en un artículo, un “me gusta”.

También hay quienes crean libros, películas, productos, proyectos, marcas personales, anuncios.

Incluso trampas, timos, virus.

Como uno sigue a personas de su sector, se produce un flujo endogámico en la ingestión de información que se convierte, a veces, en indigestión.

Me satura ver siempre a los mismos en mi buzón de correo, pero, por otro lado, qué gusto me da cuando…

cada mañana leo a Enrique Dans, previsible en muchas cosas y tan buena compañía diaria.

Cómo me alegra cada vez que Gonzalo de El Arte de presentar ha leído algo y lo comenta.

O leer libros y comentarios de Seth Godin, siempre tan agudos. Es el mejor en marketing,

O cuando se consiguen firmas para visibilizar la conciencia.

O cuando la recomendación de una película o un libro me regala un intenso momento de emoción.

Esencia versus indigestión.

Silencio.

Sonido.

Ruido.

Basura pululando por ahí.

La mía incluida, por supuesto.

La de todos.

Y cuánto bueno hay también.

Casi siempre se llega a una contradicción, hable uno de lo que hable. Ya lo decían los griegos…

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