El otro día, me di cuenta de lo adictivas que son las redes sociales cuando estando sentada frente al mar con un cielo de tormenta que solo dejaba pasar uno pocos rayos afilados…

¡Me encontré pensando en 140 caracteres!

¿Sería para contarlo?

¡Horror! me dije: vacía la mente y disfruta del paisaje.

Poco tiempo después, cuando mi post Las 7 claves para hablar en público sin nervios tuvo más de 3.000 visitas, me pasé dos días dándole vueltas al porqué. ¿Qué tenía ese artículo que no tuvieran los demás? (Si lo sabes, por favor, deja un comentario).

A partir de ese momento, miraba las estadísticas de mi blog constantemente, no lo podía evitar. Era (y es) casi una obsesión: «he pasado de 20.000 seguidores en twitter», pensaba, o «he tenido 2.533 visitas, qué raro para un domingo»… (supongo que te has encontrado en situaciones parecidas) y reflexionaba sobre ese magnetismo de las cifras que te atrapa.

Recordé, entonces, que en mis primeros años profesionales, cuando trabajaba en Carrefour (el antiguo Continente), los lunes, según llegaba, casi antes de saludar a los compañeros, encendía el ordenador para ver cómo habían ido las ventas del fin de semana y lo mismo me sucedió en otras empresas en las que estuve, aunque las cifras, en vez de ser de pizza congelada fueran de líneas telefónicas.

Cuando dejé el trabajo por cuenta ajena para dedicarme a escribir y a la docencia, viví unos años tranquilos en los que no había estadísticas cautivadoras que consultar, pero en cuanto se han asomado de nuevo a mi vida  ¡me han pescado!

Lo curioso es que las redes sociales son adictivas aunque no haya competitividad (al menos en mi caso), tal vez la adicción es a los números, que en realidad es adicción a “superarse” en los casos en los que no hay objetivos concretos, tal vez porque uno mismo es la persona más exigente que hay. En los casos en los que sí hay objetivos que alcanzar, estos funcionan como una zanahoria.

Muchos dicen que los números (cantidad) no son importantes, que es la calidad lo que cuenta pero, en realidad, lo que cuenta dependerá del objetivo de cada uno.

¿Tienes claros tus objetivos en redes sociales o estás acumulando números?

Si todo el esfuerzo que hago yo en redes sociales, no me sirve para vender Buen padre, mejor jefe o la novela Dos de tres o para que me contraten cursos o ponencias, no tendría “utilidad” práctica pero ¿y lo que disfruto si a otros les resultan útiles mis artículos?, luego también hay un componente adictivo de nuestro “yo social”: la interrelación con los otros.

Números, relaciones y ganas de superarse, parece que de eso va “la vaina”.

Lo que no sé es si ese afán de superación es lo que hace avanzar el mundo o lo que lo está destruyendo. Tal vez ambas cosas.

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