No te hagas cargo de todos los muertos

perro mirando, cachorro

Este perro es el protagonista de mi aventura de hoy.

Estaba sentada sobre una roca escuchando el río y dejando que el sol me calentara la piel cuando he oído unos ladridos y luego los gritos de una persona; sonaba a cacería. En el monte de enfrente he visto un perro blanco ir de un lado a otro. He pensado con pena en dos grandes jabalíes que me encontré en esa misma loma meses atrás. He cerrado los ojos y he seguido percibiendo el entorno con el resto de los sentidos.

Cuando los he abierto, lo tenía ahí delante, mirándome con cara de bueno, ya veis que se parece al dragón de la historia interminable pero de verdad, no de cartón piedra. Movía el rabo y se quedaba a mi lado, como si hubiera sido su sitio de siempre.

He sentido miedo; no del pobre perrillo sino de la posibilidad de “cargar con el muerto”, de sentirme en la obligación de ocuparme de él. He caminado rápido a ver si se quedaba donde estaba, pero me ha seguido como si paseáramos juntos cada día. Me he parado y se ha quedado a mi lado, vigilando y gimiendo, dando unos pocos pasos, pidiéndome que siguiéramos y al ver que yo me quedaba quieta, se tumbaba a la sombra esperando tranquilo.

Me he dado cuenta de que hace poco me pasó lo mismo con una persona, la sensación de carga al creer que el otro quería que me ocupara de él, me sucede a veces cuando alguien a quien no conozco mucho me pide opinión sobre lo que escribe, como si ese texto fuera responsabilidad mía.

Mi mente barajaba ya mil opciones: llamar a la policía para que se ocuparan de él, o a una protectora de animales… lo que fuera con tal de no dejar que entrara en mi casa ni un segundo, “que yo me sé cómo terminan estas cosas”.

Visto desde ahora, cuando conozco el desenlace de la historia (que enseguida te cuento) soy consciente de lo prepotentes que somos,  perdón, que soy.

He dado por sentado que yo estaba en una situación más favorable que él y que necesitaba mi ayuda.

¿No es eso lo que hacemos permanentemente con los países en vías de desarrollo?

Sentía la carga del perro sobre mis espaldas y no le he tratado con mucha amabilidad. No le he querido prestar atención ni le he hecho ningún mimo, no se fuera a quedar a mi lado. ¿No hacemos eso mismo con los Sirios?

He oído a otras personas que se acercaba y él ha prestado atención y se ha alejado unos pasos hacia ellas; he seguido caminando hacia el otro lado (perra de mí); él me ha seguido.

Al rato, han sonado unos ladridos colina arriba y él ha ladrado en respuesta, ha subido unos pasos, me ha mirado, ha bajado, se ha acercado a mí y enseguida ha vuelto a subir. Yo he apretado el paso. No le he visto más.

Creo que lo que este encuentro me ha mostrado es mucho más importante que lo que yo podía darle él.

Tal vez sea independiente y viva en el monte con otros colegas y solo buscara un poco de comida, o vete tú a saber por qué ha elegido acompañarme ese rato, lo que sí sé es que yo no he estado a la altura por miedo a “cargar con el muerto”, ese miedo que nos agarrota y nos impide vivir plenamente.

 

Los introvertidos también tienen derecho a expresarse

como dejar de ser timido introvertido hacer amigos¿Sabías que el 50% de las personas se consideran introvertidas?

En la cultura actual tendemos a sobreestimar las virtudes de los extrovertidos, cuando está ampliamente demostrado que sus resultados no son mejores que los de los introvertidos.

Si quieres una tonelada de estudios sobre el tema y un interesante análisis, te animo a leer El poder de los introvertidos de Susan Cain, en español solo está disponible en papel, la versión electrónica la he encontrado en inglés y se llama Quiet.

En este artículo hago un resumen y una interpretación personal del libro.

Los introvertidos viven sometidos al ideal de extroversión presente en la sociedad actual - Tuitéalo          

Hay numerosos libros que así lo muestran: Nunca comas solo, Como ganar amigos e influir en las personas y muchos más.

Pero es un grave error el aceptar el modelo de extroversión que nos viene en gran medida de los griegos y se ha vuelto a consolidar en el siglo XX en occidente, (las sociedades orientales dan un mayor valor a la introversión). En torno a los años 30 la cultura cambió: de valores como el esfuerzo, el honor, la reputación o la integridad se pasó a admirar el magnetismo, el atractivo, la energía… Parecería como si una “personalidad ganadora” fuera una mejor equipación para lo que comúnmente se llama éxito. En cambio grandes introvertidos como Proust, Van Gogh, Einstein, Mandela, Chopin, Gandhi, Darwin, Marie Curie… nos han dejado joyas de todo tipo.

¿Qué perfil tienes tú? ¿Eres más tendente a la introversión o a la extroversión? Igual estas características de unos y otros te ayudan a averiguarlo:

Algunos rasgos de los extrovertidos:

  • Les gusta la acción per se
  • Recargan las pilas en compañía, socializando
  • Son asertivos
  • Necesitan (y les gusta) lo que les provoca una subida de adrenalina
  • Les gusta asumir mayores riesgos
  • Atacan las tareas rápidamente
  • Son capaces de hacer varias cosas a la vez
  • Son dominantes
  • Piensan en voz alta
  • Prefieren hablar a escuchar
  • Rara vez se encuentran “sin palabras”
  • A veces sueltan cosas que preferirían no haber dicho

Algunos de los rasgos de los introvertidos:

  • Disfrutan de un rico mundo interior
  • Tienen pensamientos y sentimientos muy profundos
  • No les gusta la charla menuda sino conversaciones más desarrolladas
  • Se centran en el significado de lo que sucede, más que en la acción en sí
  • Recargan las pilas en soledad
  • Son más sensibles a los estímulos y por tanto los necesitan en menor cantidad
  • Trabajan más despacio y de forma más concienzuda
  • Les gusta enfocarse en una sola tarea cada vez
  • Tienen un alto poder de concentración
  • No les atrae especialmente la riqueza o la fama
  • Prefieren dedicar sus esfuerzos sociales a los amigos íntimos o a la familia
  • Escuchan más que hablan
  • Piensan antes de hablar
  • Se expresan mejor por escrito que de forma oral
  • No les suele agradar el conflicto

Pero no hay que confundirse, los introvertidos no tienen por qué ser tímidos o poco sociales, aunque a veces ambos rasgos se solapan, simplemente prefieren entornos con menos estímulos.

No sé si tú formarás parte del aproximadamente 50% de la población que se considera a sí misma introvertida, o si tu pareja, algún hijo o amigo lo son, en cualquier caso es importante que tengas en cuenta que aunque percibimos a los habladores como si fueran más listos o tuvieran un mayor nivel de liderazgo porque obtienen mayor atención del grupo, varios estudios (en especial uno de 2006 realizado en la UC Berkeley por Philip Tetlock) muestran que este tipo de personas hacen peores pronósticos sobre las tendencias políticas y económicas.

Así mismo, según un estudio de la Brigham Young University, de los 128 CEOS de algunas de las mayores compañías mundiales, los que eran considerados carismáticos, tenían mayores salarios pero no mejor desempeño. Parece claro que tendemos a sobreestimar las virtudes de los extrovertidos, en cambio muchas de las empresas con mejores resultados estaban gestionadas por personas humildes y poco expansivas pero con un alto deseo de profesionalidad.

Una diferencia importante entre unos y otros es que los líderes introvertidos tienen un 20% más de posibilidades de aceptar sugerencias y cuando sus equipos están formados por personas proactivas, tienen unos resultados un 24% mejores que los líderes extrovertidos. En cambio con empleados más pasivos, los líderes extrovertidos tienen unos resultados 22% superiores.

Los introvertidos son especialmente buenos liderando personas con iniciativa y generan una mayor proactividad - Tuitéalo          

En un mundo en el que la innovación es tan necesaria, el ser capaz de que el equipo tenga iniciativa me parece una característica fundamental y resulta vital para el éxito de las organizaciones.

Otro dato interesante es que las personas más creativas suelen ser introvertidas ya que la soledad es un gran catalizador de la innovación porque la mente se concentra en la tarea y no disipa tanta energía.

Cuando se comparó a violinistas bien dotados que utilizaban el mismo número de horas en actividades relacionadas con la música, los que llegaron a ser músicos de élite fueron los que más tiempo practicaron en soledad. ¿Por qué? Porque supone una práctica deliberada, que requiere concentración, una profunda automotivación y centrarse en la parte que uno mismo necesita, lo que resulta difícil, si no imposible, en una práctica de grupo. Anders Ericsson (psicólogo investigador) sostiene que se necesitan 10.000 horas de práctica deliberada para dominar una materia.

En cambio, cada vez permitimos menos que esto suceda.

Los niños tienen las agendas repletas de actividades y poco tiempo de contemplación, de divagación y les animamos a ser gregarios y pasan muy poco tiempo solos, por lo que muchas veces no llegan a desarrollar sus talentos.

Parece que no ser carismático y charlatán es un pecado; en el colegio los profesores se preocupan y hablan con los padres para ver cómo pueden hacer que el niño participe más en clase y en la cultura empresarial actual, si no te haces ver o escuchar, no existes, es por eso que cada vez más personas se preocupan de causar una buena y extrovertida impresión.

En el trabajo permitimos las interrupciones permanentes, cada vez hay más espacios abiertos, trabajo en equipo y reuniones constantes cuando los estudios realizados sobre la materia han probado que las oficinas abiertas reducen la productividad y afectan la memoria, están asociadas con alta rotación del personal y hacen que la gente sea más hostil, poco motivada e insegura. El hecho de ser interrumpido constantemente es una de las principales barreras a la productividad e incrementa los errores en un 50%.

Algunas empresas, como 37signals, están aplicando el jueves silencioso, un día a la semana en el que nadie habla - Tuitéalo          

Todo esto que he leído en el libro de Susan Cain me ha animado a seguir intentando que las personas a las que formo desarrollen toda su capacidad comunicativa respetando su personalidad, su forma de expresarse, de analizar o de preparar un tema.

Muchas veces, en clase, me preguntan ¿Cómo tengo que moverme o qué tengo que decir y cómo? Responder a esas preguntas sería empezar la casa por el tejado. Los grandes comunicadores son aquellos que se dejan ser, que no adoptan modelos de terceros.

En alguna ocasión ya he puesto como ejemplo a Isabel Allende, con su sentido del humor, sus nervios y su capacidad de reírse de sí misma, o a Steve Jobs, cuyo discurso en Stanford, visto por decenas de millones de personas, no está construido a partir del carisma sino de su inteligencia y lo lee desde la primera palabra hasta la última. Ambos son introvertidos y ambos comunican fantásticamente bien.

Otro caso interesante sería el de Obama, que puede definirse como extrovertido, pero incluso en este caso, su principal característica como comunicador es la naturalidad.

No es mejor el modelo de comunicación de los extrovertidos frente al de los introvertidos - Tuitéalo          

Desde mi punto de vista, se trata de ajustar nuestra forma de comunicar a  nuestra personalidad. Actualmente hay infinidad de medios: small meetings, videos, hangouts, blogs… Se trataría de entrenarse para ser capaces de comunicar en cualquier situación sin pasar un mal rato, pero hacerlo respetando las características y las preferencias comunicativas propias.

Esa persona que tal vez no se atreve a levantar la mano y hablar delante de doscientas personas, es capaz de escribir un blog que leen cientos de miles de personas, o aquel al que le cuesta presentarse y hablar con desconocidos puede tener una presencia online extraordinaria y luego ser capaz de extender esas relaciones al mundo real.

La comunicación actual es multicanal, tenemos a nuestra disposición herramientas para ajustarla a nuestra forma de ser - Tuitéalo          

En el trabajo (y en la educación) da buen resultado buscar personalidades complementarias, simbiosis entre introvertidos y extrovertidos y crear espacios flexibles que permitan el silencio y la soledad en determinados momentos y que también favorezcan las charlas informales (ya que despiertan la creatividad a través de la conexión) pero que éstas no interrumpan el trabajo de los demás. Es lo que se está haciendo, por ejemplo, en Pixar Animation Studios. Este tipo de espacios mixtos, favorece tanto a los extrovertidos como a los introvertidos.

La base es respetar nuestra propia naturaleza. Si prefieres hacer las cosas de forma tranquila y en silencio, no te dejes contagiar por la sensación de urgencia del entorno, si prefieres no hacer varias cosas a la vez, hazlas de una en una, con calma.

Deja salir a tu introvertido interior por más que el mundo parezca exigirte que solo des curso a tu parte más extrovertida.

Haz honor a tu propio estilo de comunicación en vez de ser barrido por el estilo dominante - Tuitéalo          

Los introvertidos son capaces de mover a otros a través de su convicción, no de su dinamismo, a través de su cuidado, no de su carisma, en su forma de analizar y comunicar está la clave, ya que su verdadera fuerza viene de la sustancia y del amor que sienten por el tema tratado.

No es la introversión o la extroversión lo que marca la diferencia en cuanto a los resultados tanto en lo personal como en lo profesional: es el amor lo que resulta esencial; el gregarismo, en cambio, es opcional.

La comunicación entre desconocidos y Blablacar

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La aventura de viajar con desconocidos

Llevo varios meses utilizando Blablacar en España, el covoiturage que dirían los franceses o el carpooling de los ingleses; nosotros no tenemos una palabra tan clara, sería algo así como el cococheo o cococheando… (¡¡que para mal suena!!), es decir, compartir coche.

A mí me ha ido bien. Suelo llevar el coche y se sube gente en las ciudades por las que paso, encuentro los pasajeros a través de la aplicación de Blablacar, que es francesa y funciona de cine (no sé cuánto tienen ambas cosas que ver).

Hay alguna otra:

http://compartir.org/

http://www.roadsharing.com/

Cómo funicona Blablacar

Uno se da de alta y publica o busca un viaje. Se puede elegir en qué ciudades parar, si uno acepta desviarse un poco o no, si el horario es flexible, para las mujeres existe la posibilidad de viajar solo con mujeres, el tamaño de maleta que se acepta, etc.

El viajero paga en el momento de la reserva, y Blablacar le paga al conductor una vez realizado el viaje por lo que no puede haber impago y no hay que intercambiar ni hablar de dinero, además, el conductor y los viajeros se evalúan mutuamente, si alguien no es puntual, o conduce mal, o es maleducado… tendrá valoraciones regulares y no podrá hacer muchos más viajes…

En esta ocasión me iba a Italia a escribir y decidí probar la aplicación para el extranjero…

Viajar con desconocidos ha sido una experiencia fascinante - Tuitéalo          

¿Por qué utiliza la gente este sistema de viaje?

Tras pensarlo bien, pero sobre todo tras experimentarlo, he llegado a la conclusión (al menos de momento, me reservo el derecho a cambiar de opinión) de que:

Desde el punto de vista del que lleva el coche:

  • Tienes conversaciones interesantes
  • Evitas dormirte
  • Conoces gente nueva
  • Incluso llegas a hacer algún amigo
  • Y encima te pagan por ello

¿Qué más se le puede pedir?

Y del otro lado, desde el del viajero:

  • Te recogen en un lugar más cercano
  • Vas charlando, durmiendo, pendiente de tu móvil o leyendo, a elegir
  • Llegas más rápido
  • Ves nuevas caras
  • Alguna se convierte en amiga
  • Y encima es el medio de transporte más barato…

Lo que está claro es que se trata de un fenómeno creciente, por lo que podemos suponer que tiene verdadera utilidad para las personas y, al menos en mi caso, el componente ecológico tiene un gran peso en la ecuación, no tiene sentido que haya todos esos coches que se desplazan con una sola persona dentro.

¿Qué sabes de ellos antes del viaje? ¿Puedes elegir?

Una vez que has publicado tu viaje, los posibles viajeros lo consultan y si les cuadra te piden una reserva. Puedes tener aceptación de reserva automática o manual (con un compromiso de las horas que tardas en responder).

Algunos, antes de pedir la reserva hacen preguntas de lo más variopintas. Os pongo algún ejemplo para que os hagáis una idea:

  • ¿Podría parar en tal sitio?
  • ¿Puedo meter un trípode?
  • ¿Una torre de ordenadores y pago la plaza?
  • Dos perros

En fin, de todo… Pero suele ser muy rápido. Dices sí o no y ya está.

En ese momento uno sabe poquito de quiénes son, al igual que ellos de ti: se conoce su valoración, la edad, el nombre (por lo que en la mayoría de los casos el sexo, salvo cuando el nombre es incomprensible), la inicial de su apellido y la edad.

Luego la aplicación te manda su móvil y algunos confirman con un mensaje o te llaman para asegurarse del lugar concreto de la recogida. Algunos re-confirman y requeteconfirman, otros no aparecen, esos son buenos porque no viajan pero recibes el dinero (si te avisan en las últimas 24 horas, pagan la mitad, si no aparecen pagan todo).

En este viaje, coincidí con un técnico audiovisual que iba al festival de cine de Calanda, pueblo de Buñuel, una canadiense simpatiquísima que se quita diez años en el perfil de estas aplicaciones, ha hecho de todo en la vida y me dio un montón de direcciones interesantes, películas para ver… Se me pasó el tiempo volando.

En el siguiente tramo, se produjo una interesantísima conversación entre una francesa de 43 años, directora de un colegio algo complicado, dos chicos franceses de 32 y 30, uno de ellos de origen egipcio, y yo. La charla fue preciosa porque los chicos estaban en los comienzos de sus relaciones respectivas y la otra mujer y yo, más próximas en edad, ya habíamos cerrado alguna que otra puerta que creíamos eterna. Todos escuchábamos con arrebato.

Yo siempre había dicho que los franceses eran muy interesantes pero incapaces de hablar de sentimientos, lo retiro. Hablábamos por turnos, escuchando de verdad a los demás, ninguno tenía nada que demostrar, ni nada que lograr, cada uno se iría por su lado unas pocas horas después y, en ese pequeño cubículo en el que ni siquiera podíamos mirarnos mucho a los ojos, o tal vez por ello, se produjo la magia: cada uno de nosotros fue franco y habló sin pretensiones de su situación sentimental, de sus preocupaciones y anhelos. Por momentos la otra mujer y yo nos mirábamos y nos reíamos, cómplices en edad y sexo, de vuelta de aquel sitio por el que en ese momento pasaban nuestros compañeros de viaje, ellos no entendían esa risa y tampoco se la podíamos explicar, puesto que la experiencia era la explicación. (Cuánto “Ex” por aquí, oins!!)

Creo que en mi viaje de regreso intentaré quedar con esa mujer con la que tuve cinco o seis horas de comunicación de la buena, y varios momentos de conexión.

En otro tramo vinieron tres chavales de unos 25 años:

  • Uno chileno-italiano-francés
  • Otro finlandes-argelino-francés
  • Otro martiniqués (o similar, no le entendí bien)-francés

La riqueza de la variedad humana, la posibilidad de escuchar otras historias sin emitir juicios, simplemente constatando unas determinadas formas de ver el mundo, sin esa necesidad que tenemos muchas veces de cambiarlo y ponerlo a nuestro gusto, como esos viajeros se irán en seguida de nuestro lado les damos la libertad de “ser”, sin juzgarles, con los que se van a quedar cerca nuestro más tiempo, nos permitimos opinar, evaluar y valorar cada una de sus acciones.

Cualquier relación da de sí lo que da de sí. Sin más. Y sin menos. - Tuitéalo          

La experiencia también me ha ayudado a ser consciente de cómo el cerebro intenta prejuzgar por una foto, una edad, una nacionalidad, un nombre… y cómo al no tener una imagen previa (en cuanto a una idea preconcebida sobre esa persona), ni un interés (a nivel de utilidad) y escuchar con atención, le sacamos el verdadero jugo a la comunicación, pero normalmente andamos detrás de tal o cual cosa, tratando de provocar tal o cual imagen, y nos la perdemos.

Como veis, rentabilidad (el viaje me costó muy poquito), buena compañía y una mirada un poquito más amplia. Ahora estoy lista para mirar en mi destino…

Ensalada-italia

Una vaca para Jasmine

Escuchamos o leemos historias porque estamos deseando conocer el final. ¿Pero importa tanto? Hoy os quiero contar dos historias sobre dos anillos, una con final y feliz y otra no.

Las historias son tan cautivadoras porque el que lee o escucha está deseando conocer el final. - Tuitéalo          

El otro día, cenando con unas amigas, nos encontramos con una chica que nos dejó embelesadas con un relato:

Había estado bañándose en una playa de cantos rodados con una amiga y ésta perdió un anillo de oro macizo con un brillante de varios quilates.

playa-de-cantos-rodados

Además del valor económico, tenía un valor sentimental, puesto que había sido de su madre y no sé bien si de alguien más.

Lo estuvieron buscando toda la tarde por donde habían estado nadando, pero no lo encontraron y la mujer del anillo, que terminaba sus vacaciones al día siguiente, se tuvo que volver apenada a Madrid, dándolo por perdido.

La amiga, viéndola tan desolada, de vez en cuando volvía a esa playa, se ponía las gafas de bucear y miraba una y otra vez por el fondo de rocas.

Si has estado en una playa de cantos rodados y has visto cómo el agua los golpea y los remueve sabrás que encontrar algo ahí es una empresa que cualquiera daría por imposible, pero ella siguió yendo cada pocos días.

Además de perseverar en la búsqueda, decidió recurrir a una “ayudita” extra y hacerle una promesa a San Cucufato, pero no quería que fuera algo sin más, deseaba que tuviera sentido, que ayudara a alguien; nosotras escuchábamos atentas, pensando en otras promesas que hemos escuchado a lo largo de la vida: unos rezos, dinero, caminar hasta algún sitio lejano… pero nos quedamos pasmadas cuando nos dijo que le había prometido a San Cucufato que si encontraba el anillo le compraría una vaca a Jasmine, la persona que le ayuda en casa y que tiene una granja en un país lejano. Nos reímos. ¡Una vaca para Jasmine! Eso sí que era una promesa singular.

Pero no habría servido de nada, y no estaríamos hablando del tema si no hubiera seguido yendo cada dos o tres días y dedicando un buen rato a mirar.

La cuarta vez, además de buscar desde la superficie, se acercó al fondo y levantó algunas piedras.

Yo la escuchaba maravillada: ¿cómo elige uno qué piedras levantar cuando hay infinitas? Pues ella eligió bien porque debajo de la octava piedra que retiró apareció el anillo. Me lo imagino brillante, reluciente, ligeramente mecido por el vaivén de las olas, indiferente a la búsqueda y al encuentro.

Según salió del agua, le mandó a su amiga un mensaje que solo contenía una pequeña fotografía de su mano con el anillo puesto en el dedo anular. Imagino su sensación al introducir el dedo en la joya, sabiendo la ilusión que produciría el hallazgo:

anillo-de-brillantes

La foto real es mucho más auténtica e impresiona más, pero he puesto esta para que os hagáis una idea…

Y también imagino la sorpresa de su amiga al abrir el mensaje, esa alegría incrédula que nos desborda cuando sucede algo que ya dábamos por imposible y nos deja un poco atontados.

Las buenas historias nos provocan reacciones y nos llevan a la reflexión. - Tuitéalo          

Nuestras caras, al conocer el final de la historia eran de júbilo y el pequeño relato nos dejó encandiladas y discutiendo sobre San Cucufato, San Antonio, el pensamiento positivo, el agnosticismo, la perseverancia…

Cada persona cree en cosas diferentes, incluso la no creencia es una forma de creencia, cada uno nos apoyamos en determinadas ideas para seguir adelante, para perseverar, para vivir, hay veces que nos ponemos excusas y veces que mantenemos la constancia para lograr aquello que buscamos, y tal vez sea importante encontrarlo, pero no siempre porque también existen distintas formas de ver cada final…

¿Cuántas veces habremos oído que alguna persona ha perdido un anillo sin encontrarlo después?, como es el caso de la otra historia que os quería contar sobre alguien que amaba a un tal Pepe.

Uno de los hijos de Salvador de Tudela encontró un anillo; no era de brillantes, era uno sencillo, de los de boda, y en su interior solo ponía Pepe 14-X-88.

Salvador se lo contó a su amigo Joan Clotet y ambos se embarcaron en una cruzada: encontrar a la mujer que lo había perdido.

Buscaron de todas las formas posibles: en el registro, en las parroquias, dando a conocer el hallazgo en diferentes foros… pero no la encontraron. Tal vez sea más fácil encontrar anillos que personas.

Ellos no lograron el final feliz que deseaban para su anillo, pero decidieron no dejar ahí la historia y escribieron el libro ¿Quién quiere a Pepe? y se asociaron con la Fundación Alzheimer Catalunya para que la historia le sirviera a todas las personas que poco a poco van perdiendo la memoria y los recuerdos de sus historias de amor. De hecho, parte de los derechos del libro son para la fundación.

Los enfermos de Alzheimer, como Jasmine, recibirán el apoyo de otros, y no sé si importa mucho el motivo, al final tienen más recursos para investigar o paliar los efectos de la enfermedad o una vaca más en la granja familiar, tampoco creo que importe mucho si el final de la historia es feliz o no, tal vez lo que importa es cómo nos relacionamos unos con otros, cómo nos ayudamos y eso sí… ¡el disfrute que supone contarlo y escucharlo!

Como leí en algún sitio:

Si una historia no tiene final feliz, quizá es que todavía no ha terminado. - Tuitéalo          

Creo que en realidad no hay finales, solo “puntos y aparte” que nos ayudan a reflexionar y a seguir escribiendo, cada uno de nosotros, esa pequeña historia que forma parte de la gran historia de la humanidad, que forma parte de la vida, que no tiene historia, que simplemente es.

Gracias a toda la gente buena que hay por el mundo

El otro día perdí el móvil y se me quedó una cara de tonta… además de una sensación de vacío bastante curiosa.

No sé si nos damos cuenta del grado de dependencia que hemos generado con esos aparatitos… En mi caso, aunque lo apago con cierta frecuencia (cuando paseo, como, doy clase, duermo…), como escribo y leo en él, es un compañero inseparable, como antes lo eran los libros físicos y las libretas, pero no quería hablar de eso, quería hablar de toda la gente buena que hay por el mundo.

Lo encontró un guardia urbano cerca de la estación de Sants en Barcelona (se me cayó al ir a coger el AVE), llamó al último número marcado y la persona me mandó un email. Cuando llegué a casa ya tenía el mensaje de que lo habían encontrado, el lugar donde lo tenían y el número de agente. ¡Gracias 19586!

Nos pasamos el día hablando de corrupción, de pitadas, de bandos, de políticos que solo buscan enriquecerse y mangonear, indiferentes a los padecimientos ajenos, al hecho de que lo que ellos roban lo pagamos todos los demás, pero nos olvidamos de mencionar de vez en cuando a todas esas personas de todos los entornos y zonas geográficas que no roban aunque puedan hacerlo, que cada día se levantan de buen ánimo, que trabajan con honradez, que solo buscan un poco de tranquilidad y que sus hijos vivan en un mundo en el que la dignidad sea un valor. Todas esas personas cuyas sonrisas nos ayudan a entender que no existen los de aquí y los de allí, los unos y los otros, que hacen que el día sea un poco más luminoso.

A veces, con tanta porquería, nos olvidamos de toda la buena gente que solo quiere vivir en paz.

A todos ellos, a todos vosotros, gracias y feliz semana.

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