Cada persona nace de una madre que, con su presencia o su ausencia, deja una impronta enorme en la forma de accionar en la vida. (También hay un padre, pero hoy va de madres).

No sé cómo será la tuya, pero la mía se muestra como una mujer fuerte, segura, con opiniones marcadas sobre las cosas, con un deseo intenso de que su entorno cercano se comporte de acuerdo a su criterio… Una mujer de las de ordeno y mando.

Y, como cada tipo personalidad, ese tipo deja una huella profunda.

Por un lado, te hace fuerte, te da alas

Has escuchado siempre “tú puedes”, no solo eso, también “tú debes”. Por eso tiras hacia adelante, tienes las espaldas anchas, trabajas mucho y, si te caes, te levantas una y otra vez, aunque en ocasiones preferirías no hacerlo.

Y por otro, te hace vulnerable, flojita

Porque el “está muy bien, pero con un poco más de esfuerzo, estaría mejor” ha hecho mella en ti, te ha llevado a creer que jamás has hecho nada “del todo” recto.

También te creíste durante demasiado tiempo que no habías recibido tus dones para ejercerlos de forma gozosa, sino que eran obligaciones esforzadas con las que no se podía jugar.

Cada tipo de madre deja una huella, una luz y una sombra.

Lucía tiene una madre fuerte, como la mía, y tal vez por eso, hemos conectado enseguida. Hicimos juntas unas sesiones de entrenamiento para trabajar una presentación y ha sido un proceso gozoso. Yo, al menos, he disfrutado muchísimo.

¡Gracias, Lucía! Lo he pasado muy bien.

Agradezco tu dedicación, tu risa de pastora alegre, tus lágrimas… ☹, la ilusión de tus ojos, la mirada que se paseaba de un lado a otro del Skype, tus pensamientos que se entrelazaban con los míos, el que llegaras a entender que solo necesitas respetar tus gustos, tus ritmos, tus manías.

Todos tenemos una herencia y, en mi opinión, la madurez significa emanciparse: pensar, sentir y accionar por uno mismo, en función de las propias luces y sus respectivas sombras.

¿Por qué darles preferencia a los gustos, los ritmos o las manías de los demás?

Tampoco es necesario hablar alto para expresar la propia opinión, muchas veces la mejor opción es regar de silencio las conversaciones y encontrarse en paz sin imponer a otros la propia visión del mundo, sin necesidad de responder o confrontar sus juicios… aunque no siempre es fácil.

No te creas que el “bien” es lo que te han contado…

Está “bien” lo que cada uno considera como tal, si no daña a otro; es la riqueza de la vida. Lo contrario es la muerte: un reloj sin tiempo. - Tuitéalo          

No se puede gustar a todos, nadie puede

¿Para qué intentarlo si siempre habrá algo “fuera de lugar” según el otro?

El “fuera de lugar” está en la mirada, no en lo que es. Lo que es solo necesita desenvolverse y crecer, no siempre con orden y concierto, y muchas veces en medio de la desazón, los nubarrones y el deseo. Deseo de soltar, de que haya un espacio propio.

Aunque no se piense “cerca”, se puede querer profundamente.

 “Soltarse” de la mirada del otro ayuda a quererle de una forma más tranquila

…sin necesidad de ajustarse a su opinión, ni de ser “coherente” en un entorno que cambia tanto que es imposible serlo, ni de… nada especial, solo ser.

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