Pero en vez de en la educación, ponemos el foco en las calificaciones.

El otro día escribí un tuit que tuvo muy buena acogida. La frase es de Leopoldo Abadía y decía:

«No deberíamos preocuparnos por el planeta que dejamos a nuestros hijos, sino por los hijos que dejamos a nuestro planeta». L. Abadía - Tuitéalo          

Y para dejar hijos que respeten el planeta es fundamental la educación. La palabra “educar” viene del latín, ex ducere, sacar afuera, extraer. Educar no debería ser imponer, sino ayudar a ser, en cambio a los chavales los valoramos por comparación con los demás, no por lo que pueden ser,  y nos esforzamos en “meterles” conocimientos y procedimientos, en vez de tratar de que “saquen” sus cualidades y su creatividad.

Lamentablemente nuestro sistema educativo está basado en el respeto a la norma y no en el respeto a la persona.

Luego nos extrañamos de que los chicos no respeten a los profesores, si nosotros no les respetamos a ellos. Y no hablo de no marcarles límites, sino de hacerlo desde el respeto a su esencia.

Conozco a un chico de 15 años  que sobresale en esfuerzo, pero siempre resulta insuficiente. Lo importante sería que ese, y cualquier otro chaval, encuentre su hueco en el mercado laboral, un hueco en el que trabajar le resulte atractivo (no una condena) y que le permita vivir dignamente.

Pero parece que lo que queremos es que nuestros hijos sean millonarios (aunque “digamos” que queremos que sean felices) porque les seguimos presionando por las notas y apuntándoles  a un montón de actividades extraescolares en las que siguen compitiendo.

A lo mejor ese chico que no es capaz de sobresalir en el formato “examen de memorieta” destacaría en música, en arte, o en deporte, si a esas asignaturas se les prestase la atención que se merecen, y si los chicos no se vieran desmotivados por la constante comparación con los demás o porque, por su carácter, sus genes, la forma en que sus neuronas hacen las sinapsis, su déficit de atención o porque están pasando un mal momento, sus resultados son INSUFICIENTES.

¿Hasta cuándo vamos  seguir construyendo una sociedad competitiva, violenta y poco respetuosa con las particularidades de cada uno?

Deberíamos exigir a nuestros políticos que pacten una reforma educativa. Los demás temas de Estado serán también muy importantes, pero la educación es lo que construye el futuro y, de momento, estamos destruyendo el mundo.

¿Vamos a dejar que nuestros hijos crezcan en el no respeto, el consumismo radical y la violencia hasta que no quede ni un árbol sobre la tierra?

Trabajemos para dejar hijos que se respeten a sí mismos, a los demás y al planeta y, así, tal vez nuestros nietos hereden un planeta saludable.

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