Acabo de terminar un libro que me ha resultado tremendamente inspirador.

Se llama: The Storytelling Animal: How Stories Make Us Human y es de Jonathan Gottschall.

Está solo en inglés y es para personas que quieran profundizar mucho en por qué las historias tienen tanto poder sobre las personas y cómo la habilidad (y el hábito) de contar historias es un rasgo indispensable para la supervivencia de la especie.

Mientras lo leía, me he dado cuenta de que:

El ritmo es algo fundamental para el aprendizaje

Cada vez más se tiende a hacer cursos a través de vídeos, de hecho es la base de todos los MOOCs, Massive Online Open Courses (Cursos online masivos y abiertos).

Para los que no estáis familiarizados con el término o el alcance de este fenómeno os invito a leer este completo e interesante artículo: La crisis de la educación superior.

Yo misma tengo varios cursos online que creo que son muy interesantes.

Además, me había apuntado a un curso de Storytelling online (intento estudiar e investigar permanentemente) y no fui capaz de terminarlo, solo llegué a la lección 2 de 8.

En cambio, en el libro que os he indicado antes, no solo aprendí muchísimo sino que mientras lo leía se me ocurrieron un montón de ideas (entre ellas la de escribir este artículo).

En mi caso, el aprendizaje se produce en mucha mayor medida a través de la lectura que a través de los vídeos.

Y esto se debe a que con la lectura, es uno el que adecua la velocidad a su propio ritmo.

  • Si la mente se va a otro lugar, se la espera y cuando vuelve se repite el párrafo.
  • Si el sitio al que se fue la mente está lleno de ideas nuevas, de asociaciones con las antiguas o resulta inspirador, se detiene la lectura, se deja que los pensamientos divaguen, se toman notas y se prosigue.

Todo ello forma parte del proceso de lectura y no hace falta apretar ningún botón.

Nuestra mente dialoga con la del escritor y se coloca en estado creativo. – Tuitéalo          

 

En cambio, cuando veo un vídeo, me suele parecer o muy lento o muy rápido, pocas veces se ajusta a mi ritmo porque:

La velocidad no la marca el receptor, sino el emisor

Nuestra velocidad al hablar es más lenta que al leer por lo que resulta tedioso y eso provoca que la mente se vaya de paseo, y cuando se ha marchado, el vídeo sigue con su parloteo incansable, no espera a que uno vuelva como hace un texto.

De pronto uno se da cuenta de que hace rato que no sigue las explicaciones que están en la pantalla .

Trata de mover con el ratón el cursor del vídeo hasta donde se fue, pero no acierta.

Se va demasiado atrás o demasiado adelante y entonces decide escuchar otra vez una parte, pero es aburrido y al final uno se desespera más todavía.

Supongo que no soy la única a la que sucede esto

Y supongo que por eso en nuestra cultura audiovisual se realizan vídeos cada vez más cortos (de menos de un minuto).

Se requieren cada vez más técnicas como el storytelling (contar historias) o la gamificación, porque de otro modo sería difícil atrapar (y sobre todo mantener) la atención de la persona que está al otro lado de la pantalla.

Existe una contradicción entre lo que tiene mejores resultados y lo que se nos ofrece y me interesaría muchísimo (y estoy segura que al resto de lectores también) conocer vuestra opinión:

¿Qué diferencia notas tú entre leer un libro y ver un vídeo?

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