El trabajo sexual: una conversación necesaria

Trabajo sexual

El trabajo sexual: una conversación necesaria

Estuve en Valencia para asistir a una conversación sobre la prostitución que llevaba el título ¿Quién es la puta aquí?

Se enmarca dentro del ciclo del Centro del Carmen Cultura Contemporánea:

LABORATORIO DE AMORES DIVERSOS – YouTube

Que sigue al que hubo el año pasado:

NO ES TENER ALGO SERIO, ES VIVIR ALGO SANO – YouTube

Qué bueno que haya instituciones que abran espacios para tratar estos temas en profundidad.

Escuché fascinada a Belén y a Paula

Una ha ejercido durante años como trabajadora sexual, la otra es doctora en filosofía y su tesis se centró en las violencias que se ejercen sobre ellas y en cómo proteger sus derechos.

Ha escrito el libro: Crítica de la razón puta publicado por La oveja roja.

LABORATORIO DE AMORES DIVERSOS DEL CCCC. Paula Sánchez y Belén Ledesma (1h 43m)


Siempre he tenido dificultad en posicionarme sobre la prostitución y escucharlas me dio luz sobre varios aspectos que considero fundamentales.

La charla ha transformado mi forma de hablar

Como cada disciplina, tiene su propio lenguaje; igual que a las personas con capacidades diversas les gusta que se las mencione así y no se las trate de discapacitadas, en el diálogo ellas hablaban de trabajo sexual y trabajadoras sexuales o TS’s, y lo hago mío, puesto que es como quieren ser nombradas.

También utilizaban con mucho desparpajo la palabra puta, y eso me gustó, igual que las personas negras, prefieren ser negras a ser de color, supongo que para huir de eufemismos y apropiarse de esa palabra que se les ha lanzado siempre a la cara como un insulto.

Es un tema complejo pero hay dos prioridades muy claras:

Derechos sí

Es necesario que se equiparen sus derechos a los de cualquier otro trabajo, del mismo modo que ha comenzado a hacerse (y se debe avanzar más) con el trabajo doméstico y el de los cuidados.

¿Por qué esas profesiones son consideradas menos que otras?

Pensaba dar algunos ejemplos de trabajos que yo considero indignos o degradados, pero estaría cayendo en la misma trampa.

Violencia no

También es imprescindible erradicar la violencia que se ejerce contra las putas.

La conversación me ha ayudado a ampliar la mirada y a ajustar el lugar del que procede la violencia; se suele hablar solo de la trata y de los clientes chungos, cuando también está muy vinculada a la ley de extranjería (muchas están en situación ilegal, tienen miedo y otros se aprovechan de ello) y a temas que se tratan en la conversación con humor y precisión.

También se ejerce la violencia de forma muy incisiva a través del estigma, durante mucho tiempo, se ha clasificado a las mujeres entre las buenas (fundamentalmente castas) y las putas.

Ese estigma lo llevamos tatuado todas en la piel, en la psique, en las reacciones y ha jugado un papel determinante en nuestro desarrollo sexual y vital.

El trabajo sexual, el lugar que muchas mujeres han encontrado para cubrir sus necesidades, cosa que no siempre resulta fácil, está estigmatizado y lleno de dobleces.

En el plano legislativo, no está aceptado, pero a nivel local, se otorgan licencias a los clubs.

En el plano social, se descalifica a la puta (y a su hijo) y muchas personas utilizan sus servicios.

Doble moral en lo económico, permito que otros se lucren con su trabajo, pero no les permito a ellas ser autónomas porque su epígrafe no existe.

Al día siguiente, como continuación de la conversación, se produjo un precioso diálogo en La tetera

No se trató de un debate, sino de compartir experiencias. Cada persona hablaba de su forma de interactuar o entender algún aspecto del trabajo sexual.

No puedo contar lo que dijeron las demás personas (unas 40) pero sí puedo decir que me conmovieron sus testimonios, de forma especial los de las trabajadoras sexuales que asistieron.

Me reconfortó mucho la escucha afectuosa que se produjo; que existan lugares de diálogo como ese, es importante para hablar de los temas en profundidad.

El escuchar bien descrito el estigma, me ha resultado clarificador sobre cómo ha operado en mí: el miedo a “ser puta” me hizo vivir una sexualidad autoreprimida.

Y fue precisamente mi puta interior la que me salvó la vida; me ayudó a desprenderme de la autorepresión, me ayudó a ampliar los límites y la conciencia, me llevó a acercarme a unas determinadas personas… y me ha aportado valentía para encarar las relaciones.

De alguna forma, a todos nos afecta esta cuestión aunque creamos que no nos toca de cerca.

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