No deja de asombrarme la capacidad de devastación y de efecto frenada que ha tenido un virus de 150 nm (1 nm = la millonésima parte de un milímetro).

Sale de un cuerpo acompañando a las palabras o disparado en un estornudo, vuela por el aire, se agarra a cualquier superficie para hacer el transbordo de una persona a otra, se sube en una mano, llega al ojo y ¡ya está en destino!

Ahí, se multiplica, se hace fuerte, invade los pulmones, produce un montón de daños y, en cuanto puede, se va de turismo a otro cuerpo. ¿No se parece bastante a lo que hacemos nosotros y nuestro turismo desaforado?

¿De dónde sale ese “bichito”? De un murciélago dicen (escuché a una niña en un vídeo decir que de “un vampiro”) al que se comió una serpiente a la que se comieron unos humanos… o algo así.

Y, de pronto, se desata la Alarma con su estado y pone la vida de todos patas arriba.

Uno de los principales aprendizajes de esta crisis, salvo para los más duros de mollera, es que estamos todos en el mismo barco. Si se hunde, nos vamos todos al fondo, por lo que no tiene mucho sentido zarandearlo.

Otro de los aprendizajes es que no se puede dejar “fuera” a nadie, porque todos somos “nadie”. Por un tiempo, los apestados hemos sido nosotros; no es la primera vez ni será la última, pero no nos acordamos de lo que se siente cuando los apestados son sirios o subsaharianos.

También, que hay una gran falta de liderazgo mundial. ¿Quién ha tomado las riendas de la catástrofe? Cada uno ha ido a los suyo, como gallinas despavoridas, en cambio se “lincha” a una niña con trenzas por intentarlo…

Ahora, un pequeño virus, más pequeño todavía que la niña, ha demostrado que sí se puede. (Malditos políticos que con sus slogans se apoderan de muchas palabras.)

Para algunos, parece que este parón significa coger carrerilla para echarse a correr en cuanto nos den el alta.

¡¿Dónde vamos?!

¿No hemos entendido?

Se puede parar.

Es necesario que paremos.

Cada persona puede consumir mucho menos, viajar menos, utilizar menos transporte, emitir y consumir menos contenido… y pensar más, estar más tranquilos, y ahí es donde viene la naturalidad de la pandemia. - Tuitéalo          

Esta situación tiene mucho “de natural”:

Qué natural es dormir más y mejor, cuidar con mimo las comidas, hacer ejercicio, que cada uno aporte lo que puede, intentar llevarse bien… y, si salta la chispa, se apaga entre todos, o lo hace el que tiene más cerca el extintor.

Por un lado, es abrumador, a mí me recuerda a cuando viví varios terremotos en Colombia, era algo tan enorme que ni siquiera daba miedo, estaba muy lejos de las propias posibilidades el hacer algo, por lo que la entrega era absoluta, a la vida, a la muerte, a lo que viniera.

Y eso es lo natural del asunto; esa entrega total a lo extraño de la situación, a lo vital, a lo heroico, a lo cobarde, a lo que sea que suceda, con toda la implicación posible de ese “lo que sea”.

Y ahí aparece lo dantesco de nuevo, acechando.

Pero saldremos, seguro que salimos, solo espero que seamos un poco más sabios y un poco menos esquizofrénicos.

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