Igual que llegan se van, esos estados de ánimo grises que te invaden como la niebla, cubriéndolo todo de frío y humedad.

¿Por qué se me habrá pegado este estado viscoso que no me deja mirar, que no me deja sonreír ni disfrutar?

Buscamos ese porqué como si importara.

Es porque no salió ese proyecto, son las hormonas haciendo de las suyas, son los pensamientos negros que el cerebro no distingue de la realidad y el consecuente torrente de adrenalina y cortisol que recorre el cuerpo. Es porque me acordé de aquello, cuando parecía superado, o porque dejé de fumar, o de comer, o de ver a fulanit@…

Es por…

Sean por lo que sean, como la niebla que llega del mar, solo hay que esperar.

Dejar que haga su recorrido, lamiendo el paisaje con su lengua húmeda que impide ver la realidad como es, robándole los contornos a los objetos y dejando en su lugar melancolía.

Espera, que ya se va.

Parece que un pequeño rayo de sol le ha hecho mella por la izquierda y una sonrisa se cuela por la derecha.

Otra vez se hace más densa, más que antes, para eliminar cualquier atisbo de ilusión.

Pero espera que ya se va.

Duerme y despierta.

La luz del sol rompe la niebla dándole al acantilado una luz irreal de paraíso.

Un brillo exagerado envuelve los árboles todavía con los contornos poco definidos.

Se deshace en jirones…

Espera.

Cuando ya la mirada es nítida, cuando lo que oprimía el centro del pecho ya no está, uno queda como fatigado, como si hubiera peleado una batalla y ahora pudiera descansar.

Espera y descansa, que por feo que sea el humor, por muy gris que esté el ánimo, al final siempre despeja, al final sale el rayo de luz para ver.

La realidad está siempre ahí, aunque nuestros ojos la tiñan de matices.

Espera

Ya lo dijo Machado:

  

Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
-así en la costa un barco- sin que al partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.

Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.
   

                                                        Antonio Machado

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