Antes eran solo unos pocos los que accedían a la posteridad

Miguel Ángel decoraba la capilla Sixtina nada menos que con la imagen de Dios.

Los reyes pagaban a Velázquez para que les hiciera un retrato que quedara cuando ellos ya no estuvieran.

Goya dejaba un testimonio impresionante de los fusilamientos de 1808 en Madrid.

Luego llegaron los fotógrafos profesionales como Capa, Doisneau y muchos otros para capturar momentos y convertirlos en arte.

Ahora, cada persona lleva un fotógrafo dentro (y fuera).

Hoy, las personas…

Ya no se refugian en las catedrales para meditar o para deleitarse con las imágenes de Miguel Ángel; las visitan para fotografiarlas (si les dejan).

En vez de pagar a un pintor famoso, se hacen un selfie. Eso sí, es muy importante poner alguna cara rara o extender los brazos (todavía no entiendo muy bien el porqué).

Y cuando se encuentran ante un incidente, el primer impulso (en muchos casos) no es ayudar sino grabarlo.

Tal vez es solo una forma de darle curso a la desesperanza.

No hay nada trascendente en la realidad, uno se hace una foto.

Se supone que para compartir, pero ¿qué se comparte si las cosas no dejan huella porque no se mira? Hacemos fotos como si ellas pudieran remplazar la mirada o los pensamientos.

Parece que lo único importante de la belleza en la actualidad es mostrar que “uno estuvo allí”.

Playa de las catedrales

Playa de las Catedrales Galicia

¿Para qué tanta foto? ¿para enseñárselas a quién?

¡No hay nada más aburrido que alguien que te quiere enseñar sus fotos!

¿Para subirlas a alguna red y que algunos le den al like?

Si has visto a algún chaval revisando su Instagram y dándole al like a alguna que le gusta, entenderás que es poco o nada trascendente la cosa. Apenas se detienen en ella un micro segundo para hacer un movimiento con el pulgar y seguir pasando la vista por otros cientos de ellas.

Y uno tampoco las mira ¡son tantas!

Fotos que muestran lo que MÁS nos importa.

fotografiar mascota

Aquello que suple nuestras carencias.

Yo te saco una y tú a mi otra.

Playa de las catedrales

“Perdona, ¿me puedes hacer una foto?” te pide el que va solo. “No, repítela por favor, no tiene el ángulo adecuado, enfoca mejor desde aquí y sube los brazos”.

¿Por qué necesitamos dejar constancia de lo bobos que somos?

fotografiar salto en la playa

Pillado in fraganti.

Pude captarlo porque lo repitió muchas veces, no porque yo sea especialmente habilidosa.

La mayoría, independientemente de la edad y del sexo, están pendientes solo del móvil y de la foto.

Yo también estoy haciendo un reportaje de esto. Sic.

Eso sí, son bonitas las posturas de los fotografiadores. Más que las de los fotografiados.

puesta de sol en la playa

playa de las catedrales

foto en la orilla del mar

fotografía puesta de sol

¡Qué luz!

playa de las catedrales

Lo grabo rápido, no vaya a subir la marea, aunque no mire nada de nada, yo lo grabo. Y me encierro en la cueva.

¿O será la caverna de Platón?

Todos las hacen (las hacemos) pero nadie las mira. A lo mejor queda alguien que lo haga.

Yo soy más de sombras que de selfies…

playa de las catedrales sombra natalia gómez del pozuelo

Que no deja de ser lo mismo, intentar documentar y retener el paso por un lugar cuya esencia es lo efímero y lo efímero no se puede capturar.

playa de las catedrales

Esas “catedrales” que todos fotografiamos se han formado y se siguen formando durante millones de años. Cada instante es diferente, de luz, de piedra, de agua, de cielo.

La belleza está ahí, en cada uno de esos momentos efímeros, y a la belleza le da bastante igual lo que hagamos con ella.

Antes la gente buscaba la trascendencia en las catedrales, ahora también, pero de otra manera.

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