Una conversación o una presentación se parecen mucho a un viaje en coche.

Veamos las analogías:

1. Si no estás preparado, puedes terminar en cualquier lugar

Para conducir la tecnología te ayuda.

Google te lleva puerta a puerta bastante bien, salvo cuando le da al navegador por colgarse, o cuando te hace subir una montaña porque se te quedó marcado el tic de evitar peajes, o cuando el acceso a Internet es lento y el navegador va con retardo, o cuando directamente no hay conexión…

Como todavía no hay un Google Maps para las conversaciones o las presentaciones, conviene prepararse:

  • Por dónde empezar
  • Qué vía elegir para que no haya atasco y el viaje sea agradable
  • Qué paisaje es el más bonito para el camino
  • Dónde detenerse para tomar un respiro
  • A dónde deseo llegar…

2. Cumplir el tiempo es fundamental

Si hay un horario marcado, uno no se puede permitir un rodeo por bonito que sea, ni desviarse del camino para visitar otro lugar, ni meterse por carreteras secundarias que pueden estar en malas condiciones o tener obstáculos desconocidos.

3. El conductor necesita carnet de conducir, tanto teórico como práctico

Por mucho que uno haya leído sobre cómo conducir o haya visto películas en las que otros lo hacen o haya ido de copiloto en numerosas ocasiones, hasta que uno no se pone a ello no puede esperar conducir como un piloto de carreras. Y, mucho menos, subirse al pódium y recibir los aplausos de todos.

Salvo rarísimas excepciones, lo normal es no hacerlo bien al principio: se te cala varias veces el vehículo, las marchas rascan, estás a punto de salirte de la carretera, el instructor tiene que frenar con el correspondiente susto…

Pero no por ello uno se siente frustrado, lo habitual es perseverar y acudir a clase hasta obtener la pericia suficiente para conducir con seguridad.

Lo mismo sucede al hablar, especialmente en público: se aprende con instrucción y práctica.

Una vez que se interiorizan ambas, se puede disfrutar y empezar a estar pendiente de otras cosas, como la reacción de las personas que te acompañan, si están ellas también disfrutando, si están cómodas…

No tiene sentido quitar la atención del camino y del vehículo hasta tener un cierto dominio.

4. Aunque sepas conducir…

…si haces giros muy bruscos o aceleras y frenas sin ton ni son, es muy probable que marees al personal.

Si vas muy rápido, tus acompañantes pueden tener miedo o no enterarse y desconectar. Si vas muy despacio, se aburrirán.

Lo más conveniente es ir a una velocidad adecuada a la dificultad del camino y sin alteraciones bruscas, a no ser que haya un obstáculo repentino.

5. Cuida de que el vehículo esté en buen estado

Si falla el motor o las ruedas no tienen presión o falta aceite porque no nos hemos ocupado de ponerlo a punto, la cosa puede ir mal en cualquier momento y darnos un disgusto.

Por ello es importante cuidar la voz, el material de apoyo, las condiciones del lugar y prever los posibles contratiempos para tener un plan B.

6. Salvo que hayas salido a deambular, conviene tener un destino concreto

La mayoría de las personas cogen el coche para ir a algún lado y si las llevamos al sitio que no es, es muy posible que no se pongan contentas.

Pero en muchas conversaciones o presentaciones, divagamos, damos rodeos, o no queda claro el objetivo al que queremos llegar.

7. Descansar cuando uno está cansado es necesario para retomar fuerzas o repostar

Por bien que vaya el viaje, los kilómetros y los minutos pesan y es necesario parar de vez en cuando.

Una charla demasiado larga, cansa. Es difícil mantener la atención más de veinte minutos seguidos, por lo que, si tienes que hablar más tiempo, programa un ejercicio o un cambio de actividad cada cierto tiempo para que la atención pueda relajarse o alternarse.

8. Es importante estar cómodo

Si uno va con un pantalón apretado o le da el sol en la cara o hace mucho calor o mucho frío o huele mal o están los cristales empañados o van demasiadas personas en el vehículo…, será mucho más difícil disfrutar del viaje.

Una de las veces que peor lo he pasado en una charla fue en un evento en el que la sala estaba llenísima y hacía mucho calor. No se podía respirar y, aunque el contenido era muy bueno, nos tuvimos que ir.

9. Si hay un ruidito extraño en el motor que suena todo el tiempo, acaparará toda la atención

Cuando al hablar, una persona tiene coletillas tipo:

  • ehhh
  • ¿vale?
  • ¿no?
  • entonces

Puede que lo que se esté diciendo sea interesantísimo, pero deja de parecerlo, porque la atención se fija en el sonido que se repite y no podremos estar pendientes de otra cosa

10. El silencio permite mirar con más atención el entorno

Si lo llenamos todo de palabras unas encima de otras, pisamos los pensamientos importantes y no dejamos a las personas reflexionar sobre lo que se está diciendo.

11. Y si alguien tiene sueño y quiere dormir, pues ¡que duerma!

Eso NO quiere decir que le aburras o que no le guste el paisaje. Solo quiere decir que tiene mucho sueño. Igual no pudo dormir la noche anterior.

Uno no es el centro del universo.

12. El viaje con buena música o buena conversación se pasa enseguida

Da gusto esas veces en que uno llega al destino con la sensación de querer más, de que se ha pasado muy rápido y se ha disfrutado mucho.

Y si, de paso, uno ha aprendido algo por el camino, ha saboreado el paisaje, las palabras y se ha enriquecido, tendrá ganas de volver a emprender algún otro viaje, de disfrutar de otros lugares guiado por ese conductor que, pensando en él, le hizo el trayecto tan agradable.

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