Piensa en los peores momentos que has vivido.

(Siento llevarte ahí.)

Ahora piensa en si había alguna mano tendida que ayudó a que la experiencia fuera más llevadera.

Sí ¿verdad?

Siempre está ahí.

No es necesariamente la que pensábamos que iba a estar, pero hay alguna.

Uno ve las peores tragedias (en la televisión y fuera de ella) y uno ve también que siempre hay una mano cerca, por terrible que sea la situación.

Unos vecinos que se enfrentan a la policía cuando vienen a desahuciar a una familia.

Unas personas formando una fila y quitando piedras para rescatar a alguien que ha quedado sepultado. Comprenden la angustia que produce la incertidumbre, y mantienen la esperanza mientras no se demuestre lo contrario.

Un barco socorriendo a un grupo de inmigrantes que buscaban una vida mejor y se han encontrado con mafias y enormes peligros.

O simplemente una mano que marca tu número para saber cómo estás después de lo que te ha sucedido.

Una mano que sujeta la tuya porque comparte la pena.

Siempre hay una cerca.

Si no es esa que esperabas, será otra.

Entonces ¿por qué tanto miedo?

Nadie nos puede quitar el dolor, y no podemos evitar que sucedan cosas que preferiríamos evitar, pero cuando uno se enfrenta a ello, qué gusto echar la mano hacia un lado y encontrar el calor de esa presencia, que no elimina el frío, pero ayuda a templar un poco el corazón

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