Un camino lo es, porque otros lo pisaron, quisieron pasar por allí, se interponía en sus deseos. - Tuitéalo          

Las plantas se apartaron, pues a nadie le gusta ser pisoteado.

Unos caminan, otros miran pasar. Diferentes, pero iguales. Baja mar, pleamar.

Todo nace cuando se siente el gusanillo del movimiento, la ansiedad y alegría de un proyecto nuevo.

“Marcho”, piensa uno, “Arranco”, y no tiene más remedio que mirar alrededor. ¿Hacia dónde?

Decidimos seguir al sol, cada uno lo que anhela, y le ponemos un nombre a nuestra voluntad de alejarnos del vacío denso que se cuela en la quietud.

Todos te hablan del Camino: un sinfín de información que le quita el misterio a viajar. Fotos y más fotos, mapas desde el cielo; una jaula para la espontaneidad.

Le ponemos ruedas a la cosa, para poder cargar ese millar de pequeñas cosas que nos producen comodidad. Gafas, toallas, cremas, ropas, bolsos y demás. Ya me canso y todavía no he empezado a andar.

Finalmente llega el día y todo queda atrás: empieza la fiesta de los sentidos en la que te propongo participar.

El principio

La playa de La Franca, en el concejo de Ribadedeva, en la localidad de La Franca, Asturias, España, es una playa que está considerada paisaje protegido. Hermosa playa de arena blanca

Los días van sumando belleza, los ojos descansan, el cuerpo se deja acariciar por el viento.

El camino es cíclico, las costumbres se instauran en él con una facilidad asombrosa. Al segundo día son rutina. Prepararse, primeros pasos, admiración, endorfinas, pasos y más pasos, belleza, descanso, comida, descanso, pasos…

Y así se van los días.

Es fácil vivir cuando lo único que tienes que hacer es llegar a un punto siguiendo las flechas amarillas… aunque a veces se torna difícil; hay momentos en los que preferirías no caminar, pero como estás en el camino, andas.

Pequeño accidente

Por innovar, por salirse del camino se pierde en un laberinto de pinchos. Busca unos acantilados de los que oyó hablar, sin saber que nadie los visita porque no hay senda, pero sí hay un mar que solo allí ha visto.

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Duele. Se pasa mal. Sale uno lastimado, pero sale y sigue caminando. Son solo pinchos, se dice cuando sufre, solo pinchos.

El cuerpo magullado, lleno de agujerillos, la mente tranquila porque ayudó al cuerpo a salir del apuro. Todos a una.

“Son solo pinchos” es como un mantra, para no dejar volar la imaginación y sobre todo no dejarle el control al miedo. Son solo pinchos.

Da grandes zancadas, tratando de salir de esa jungla de zarzas y tojos, sumando kilómetros y sudores.

Se sale dolorido, pero tranquilo.

Tras horas de bregar, llega a una pradera con una fuente en medio. Se lava, se tumba y deja toda la tensión sobre la hierba. Agua, pis, tranquilidad. Queda el cansancio y los agujeros que se volvieron burbujas rojas.

Pierna con la piel erosionada por haber subido el montículo lleno de zarzas y pinchos.

Prueba unos pocos pasos.

Duele.

Unos pocos más.

Las montañas custodian su espalda y el mar saluda tras el acantilado, juega con los rayos de sol a crear colores. Ahora turquesa, ahora esmeralda para resaltar el azul marino del fondo, una franja fuerte que parece sostener al mundo como un cinturón.

Los pasos calientan el cuerpo, las imágenes la mente y el sonido acaricia los oídos.

Duele, pero continúa.

Duele la vida también.

Y uno sigue protegido por las montañas y el mar.

Otros que pasaron antes se ocuparon de marcar el camino. Tras el accidente, las marcas se acogen con júbilo.

Flecha pintada en una piedra rodeada de musgo. Hay un texto escrito: "Keep going, keep loving" con un pequeño corazón

Pensamiento positivo hasta en la sopa, pero hoy viene bien, no hay ganas de perderse a explorar.

Un paso y otro.

Sanando las heridas que perdieron el rojo y dejaron una pequeña marca.

Y un paso.

Y otro.

El daño fue mayor al esperado.

Al día siguiente cada paso es una tortura, largo cada metro del trayecto.

Los golpes se acusan más de lo que esperado. Uno desconoce su límite hasta que no lo pone a prueba.

El ritmo

La cuesta es grande y su ritmo un poco más lento del habitual, para guardar fuerzas, pero animoso. Se adapta a la curva de la montaña, la acaricia con los pies, primero uno, luego otro. Cadencia rítmica que llena los oídos hasta que uno se acostumbra y anula el sonido propio para poder escuchar lo demás.

De pronto se oye el ruido de unos palitos por detrás, más sonoros que los pasos. Clin. Clin. Parece que aceleran un poco, con ánimo de adelantar.

Se pierde el ritmo propio.

¿Desacelera uno para facilitar la maniobra?

Instintivamente el paso se ha acelerado ligeramente, pero entonces no podrá adelantar.

Los pasos de atrás titubean.

La cuesta se empina.

El ritmo se perdió con el sonido del otro.

En un ligero vistazo se descartan posibles amenazas.

Uno trata de volver, de abstraerse de la pisada del desconocido que va detrás.

La senda sigue subiendo y los pasos, parece que acompasados a una distancia algo mayor, se agarran a la montaña en el tramo final.

La loma que corona la subida es un lugar de descanso para el de delante.

El de atrás continúa, ahora sí, a su ritmo.

Se miran.

Se han acompañado un rato aun sin verse, al menos el de delante. Ahora cada uno seguirá su camino, al ritmo de la soledad.

La cima

¿Qué haces cuando llegas a la cima?

Contemplar la visión. Mirar el entorno, aprender de la vista, y luego… descansar.

La subida ha sido dura, no terminaba nunca; cuando uno cree que ya casi está, la montaña se retuerce y aparecen nuevas curvas, otra pendiente. Algunos descansan, otros siguen con más fuerza que nunca, un paso, y otro, todo el cuerpo duro, concentrado.

Tras descansar, de premio una fruta. Y agua.

Llegas. Contemplas. Descansas. Te recompones. ¿Y?

Y toca empezar a bajar.

El camino sigue.

Caminas, te nutres y descansas. Poco más. No cabe.

Caminas y te fijas en las hojas, los escarabajos, las mariposas.

Te metes en un túnel verde que te succiona con su belleza.

Te nutres y cada bocado tiene significado.

Estás sentado al borde del sendero, pendiente del sabor de la fruta en la boca.

Chorrea por la barbilla.

El riachuelo te observa y tú a él.

Ese bocado.

Descansas.

Y cuando llega la noche duermes y duermes.

Sigues durmiendo.

Sueño reparador que te despierta las ganas de seguir caminando.

Cuando caminas, caminas.

Cuando comes, comes.

Y cuando descansas…

Buen camino

¿Qué quieren decir esas palabras cuando uno las dice o las recibe?

Se siente una ligera emoción, como si por un segundo, la persona que las pronuncia pudiera compartir los pasos del que las recoge.

“Buen camino.”

Soy consciente de tu paso por mi lado. Te miro. Me doy cuenta de que vas tras el sol y comparto tu búsqueda, porque todos la sentimos, caminemos o no. Y te deseo algo, no sé bien qué, no sé qué encierra ese “buen”, tal vez es suficientemente impreciso como para reflejar sus deseos en los propios, o viceversa.

Sea lo que sea “buen” para el otro, se mezcla con lo que uno cree que es “buen”.

¿Es bueno el dolor?, ¿la tristeza?, ¿el desánimo?

No existe el camino fácil. En el bosque, al final siempre aparece el lobo. Da igual bajo qué forma: una ampolla en el dedo meñique sirve para joderlo todo. En realidad poco importa si es eso o es que fulanito/a no hizo aquello o dijo lo otro. Hay días en que no hay forma de calmar el infierno. Se ha pegado a uno. Y el sol que el otro día secaba la camiseta y protegía del frío, hoy no deja respirar. Y no tiene que ver con la temperatura.

Vacaciones

Qué delicia cuando uno se concede un día de vacaciones. No hay ningún proyecto que se lo merezca “todo”, porque no dejaría perspectiva para alejarse y entenderlo, para pensar en abandonarlo, para observar su belleza y aprender de su ritmo. Y para no hacer nada, que es mucho más de lo que parece.

Sentado frente a una mesa. Sobre la mesa una cerveza fresca, un cuenco con aceitunas verdes y continuación, en el horizonte se divisa el mar bajo un cielo cubierto de nubes con distintos grises

Chispea sobre el cuaderno, la gente vuelve del mar.

Una de las potencias de los proyectos es que te succionan. Te arrastran y te meten en un torbellino que no sabes adonde lleva.

Los caminantes somos el río de los que viven al lado del camino.

Te recomiendan ir por la carretera: “Te ahorras dos kilómetros”, pero uno prefiere ir por los senderos.

Sendero con inclinación estrecho con superficie angosta lleno de piedras resbaladizas por la humedad del terreno. Hay musco y helechos.

Yendo por ellos siempre hay encuentros…

Encuentros animales

Babosa naranja muerta en el camino

Babosa naranja – nataliagomezdelpozuelo.com

 

Pobre topito...

Pobre topito… – nataliagomezdelpozuelo.com

 

Atardecer en la playa con un grupo de gaviotas en la orilla. Al fondo el mar con olas y espuma. Casi se puede oír su sonido

Gaviotas – nataliagomezdelpozuelo.com

 

Hermosa libélula azul apoyada en el tronco de un árbol

Animales de todos los colores

 

Un hombre y una mujer tumbados en la arena, dormidos, ella boca abajo, él boca arriba, sus cuerpos parecen totalmente relajados

Humanos descansando – nataliagomezdelpozuelo.com

 

Una oruga que también camina….

Encuentros con la creatividad…

Humana

Un mensaje de WhatsApp escrito en la pared, el cual dice: "Marupuri llámame para la fiesta" Firmado Elvi

WhatsApp en la pared – nataliagomezdelpozuelo.com

 

En el camino hay una estaca de color amarillo con forma de flecha, una indicación para los peregrinos. Dentro de la flecha hay un mensaje escrito a mano que se puede leer: "Henry, gone thas way"

Henry manda la ubicación – nataliagomezdelpozuelo.com

 

En una pared pintada en color verde, las plantas crecen apoyándose en hierros y en una especie de canalones colgantes. Es un soporte rudimentario pero las plantas se han desarrollado y adaptado muy bien.

Soporte para plantas – nataliagomezdelpozuelo.com

 

En un valle se cruzan dos puentes por los que transitan coches. Hay dos alturas. Al fondo se observa el antiguo puente con ojos que atravesaba el valle sembrado de árboles.

Soporte para vehículos, incluido tren – nataliagomezdelpozuelo.com

 

En el camino asfaltado hay una pintada, cada letra de un color, que se puede leer PIXAR

Creatividad de película – nataliagomezdelpozuelo.com

Y encuentros con la creatividad animal

En una planta un insecto ha perforado de forma circular y doble su hoja de gran tamaño

Creatividad animal doble – nataliagomezdelpozuelo.com

 

Un insecto perfora la hoja de una planta con formas de corazón

Creatividad animal amorosa – nataliagomezdelpozuelo.com

Encrucijadas…

Huellas de gaviotas en la arena haciendo una cruz como una encrucijada de caminos

Hacia dónde quiere ir uno…y el otro – nataliagomezdelpozuelo.com

Falsas puertas

Dos senderos, uno hacia una boca oscura, otro camino hacia la luz. El entorno está lleno de vegetación

El camino está lleno de falsas puertas, hacia la oscuridad y hacia la luz – nataliagomezdelpozuelo.com

Encuentros con la luz

Desde el interior de una formación rocosa en la playa, se abre una grieta a través de la cual se cuela la luz del exterior y se ven bañistas disfrutando de una jornada en la playa

Atardecer en el mar. El horizonte se visualiza con un cielo rosado, azul celeste

En un sendero custodiado por altos árboles se filtra la luz del día

La luz se refleja en el mar creando un mar de color plata.

Y con las sombras

Sombra de dos peregrinos sentados reflejadas en el camino y un muro de piedra al atardecer

Encuentros con la belleza por doquier

El mar, azul intenso visualizado desde lo alto de un acantalidado

Vista panorámica del puerto de Luarca, un pueblecito pesquero de Asturias

En la playa anochece, la mar se retira, el monte que se alza a la orilla y se refleja en la arena

Y la compañía de los sonidos del camino

El sonido de los pasos cazado por el móvil desde el bolsillo

Los sonidos del viento.

El mar omnipresente en el camino del norte.

Que también se cruza a ratos (sic) con caminos más transitados.

De nuevo el mar…

El sonido del folclore.

Y el que no está…

Lo intenté atrapar durante días.

No lo logré.

Vía de tren a ambos lados con mucha vegetación

¡Imagínatelo!

Porque la imaginación es la que planta la semilla de un nuevo viaje. De un nuevo camino.

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