Existe un descontento generalizado.

Unos por Cataluña, otros por la moción de censura, otros por el populismo, otros por la corrupción, por la violencia o por el omnipresente fútbol y su correspondiente selección y los culebrones de sus personajes…

El caso es que estamos preocupados.

Tal vez sea el momento de dialogar, repensar cómo nos organizamos porque últimamente estamos a tortas, y no es muy agradable, la verdad.

¿Y si nos sentamos alrededor de la mesa, sin líneas rojas ni objetivos? Solo a dialogar y a que, entre todos, decidamos lo que queremos que venga a continuación.

No hablar de fronteras, sino de la forma de cuidar el territorio.

Sentarnos a decidir un sistema educativo que no sirva para domesticar niños sino para extraer su potencial. Otros ya lo hacen ¿por qué no les imitamos?

Hablar de cómo queremos ser representados.

¿Una corona?

¿Un senado?

¿Un congreso?

¿Por qué no hablamos?

Son dos o tres temas que podíamos decidir entre todos antes de que cada uno vuelva a tirar para su lado.

Ahora tenemos una mesa con 4 patas más o menos equilibradas, los cuatro partidos mayoritarios; ideal para que se sienten, dejen las pistolas fuera y nos den una alegría a todos los ciudadanos antes de tener que volver a votar.

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