Ayer me llegó este correo:

Trabajo de cartera por las tardes repartiendo notificaciones. Todas las cartas bonitas las entrego yo: las multas de la DGT, los requerimientos de Hacienda o de la Seguridad Social, etc. En ocasiones, tengo que entregar algo a viejitos y siempre me entretengo un rato para darles un poquillo de charla y sacarles una sonrisa, aunque algunos se hacen de rogar. Nunca me quito el casco porque es un follón llevarlo en la mano.

El otro día llevé una carta de Bienestar Social a una pareja de ancianos y les ayudé a leerla. Él estaba muy serio y parecía agobiado, ella me miraba alegre y sonriente. La notificación les comunicaba que les concedían la ayuda de dependencia. El asentía gravemente, ella me miraba flipada y me daba golpecitos con los nudillos en el casco de la moto. Toc, toc, toc ¿De verdad que conduces tú la moto? Sí, claro, la tengo abajo aparcada. Toc, toc, toc ¡Anda, mira tú! Cuando salía por la puerta ella se quedó en el rellano y me dijo juguetonamente ¿Me das un abrazo? ¡Claro, por supuesto! Y salí de allí con la clara y real sensación de haber abrazado a una encantadora niña de 80 años.  

¿Sabes qué? Pues que el universo me devolvió el abrazo esa misma tarde. En la cartería hay unas estanterías que se llaman casilleros en donde se depositan las cartas ordinarias por calles y portales. Antes de volver a casa me puse de puntillas para ver si mi compañero había dejado algo para mí y me encontré un sobre marrón con una historia que me ha abrazado toda la semana y que no sólo me ha encantado, sino que me ha dejado pensando… 

También me ha recordado otros abrazos, como el que me dio Úrsula K. Leguin en La mano izquierda de la oscuridad. Otro libro maravilloso sobre el encuentro con el otro y sobre las no diferencias. Si te lo has leído y te ha gustado me da un síncope. Y si no, te lo recomiendo, porque El código del garbanzo y La mano izquierda estarían encantados de conocerse. A los libros también les gusta hacer amistades.

En todo caso, ¡gracias mil, Natalia!

Menudo regalo me has hecho… ¡el garbancito ese se mete muy dentro.

M.L.P.

Esta pequeña historia me llegó tras haber enviado dos “garbancitos” (como yo llamo a mi libro El código del garbanzo) a dos lectoras que me mandaron unos mensajes preciosos el día de la mujer. Yo había escrito un post “cabreado”, que curiosamente ha desaparecido en las fauces de Internet, y que me hizo perder 30 suscriptores de golpe. Supongo que mi cabreo les molestó.

Es bonito ver cómo las historias se mezclan, se conocen y se abrazan. Para que luego digan que los libros no tienen vida propia…

Me leeré La mano izquierda de la oscuridad y volveré a contaros.

Mientras tanto, gracias M.L.P. por tu abrazo a aquella niña de 80, con él, nos abrazas a todos.

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