En un taller de cuentos al que asistí el fin de semana, tanto yo como el resto de asistentes tuvimos una comprensión fuerte de cómo proyectamos nuestra forma de ser y de pensar en lo que leemos, escuchamos y narramos.

Entre otros ejercicios, teníamos que contar un cuento y una compañera arrancó con la historia de Mausito:

Un ser que no sabía quién era e iba por el bosque buscando quién le ayudaba a descubrirlo. Se encontró con una mariposa que no lo sabía, pero le llevó por todas las flores, de un lado a otro hasta que, terminó exhausto. Luego se acercó a la ardilla, que era muy sabia, pero tampoco sabía quién era Mausito, así que le invitó a saltar por las ramas y a comer nueces. El lagarto tampoco supo decirle nada y le invitó a nadar.

“No voy a nadar”, dijo Mausito, “tú eres tú y yo soy yo. He terminado agotado y con un entripado de nueces y sigo sin saber quién soy.”

El lagarto se fue a nadar.

Mausito se asomó a decirle adiós y cuando el agua se calmó se vio a sí mismo y saltó de júbilo, “Ah, mira, soy yo, soy yo, soy un Mausito.”

Según lo contó, la profe, Ana García Castellano (una increíble cuenta cuentos de una autenticidad y profesionalidad que hizo maravillosa la experiencia), le pidió que se pusiera una nariz de clown y que volviera a hacer de Mausito desde sí misma. La transformación fue mágica, la “protección” de la nariz le ayudó a conectar con la frustración de la búsqueda, con lo lista que era su hermanita, o la vecina, con lo divertido que era fulanito, pero cómo se sentía incómoda a su lado… El personaje resultó mucho más apasionado y auténtico, Mausito era alguien de verdad cuando, hasta ese momento, había sido una caricatura de sí mismo.

Se fundieron cuento y realidad y vimos como la compañera que contaba el cuento también entendía quién era y se produjo una discusión muy interesante.

Ella pensaba que llevando el cuento a sí misma traicionaba al escritor porque en el cuento no ponía que sintiera “rabia”.

La profe le dijo: “Tampoco dice que no la sintiera.”

Se quedó asombrada:

Los cuentos, como la literatura y como la vida dependen de cómo es la persona que los cuenta y la que los escuchaba. - Tuitéalo          

En todo proyectamos nuestra forma de ser y nuestra historia, no tenemos otra forma de interactuar con el mundo.

Lo bueno es que, cuando eres consciente, te das cuenta de que para conocerte a ti mismo es necesario mirar qué efecto te producen los demás y las circunstancias.

Los colores de dentro son un espejo de los colores de fuera o tal vez no existe dentro y fuera.

Muchas gracias a Ana por una preciosa clase, con grandes descubrimientos y muchas carcajadas.

A todos los que tengáis interés en acercaros al cuento os recomiendo a esta gran maestra.

Y gracias a Masquesilencio que nos acercó esta actividad. Cada vez que he hecho algo con ellos (ahora sé que son más bien ellas), me he encontrado con una actividad profundamente enriquecedora, bien organizada y a un precio muy asequible.

Escribo esto porque creo que una labor bien hecha es necesario reconocerla. Igual que protestamos cuando algo no nos satisface, es necesario compartir aquello que nos encanta, que nos ayuda y que puede ayudar a muchas otros.

A partir de ahora, para mí Mausito, sea lo que sea para sí mismo, es un símbolo de comprensión y le agradezco (a él y as su contadora) el haber entendido en mayor profundidad cómo nos proyectamos en las historias con las que nos cruzamos, tanto en las propias como en las ajenas.

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