La infidelidad es un tema que traté por casualidad en el post Que te pongan los cuernos no es tan malo, porque un amigo había tenido un problema con su pareja y estaba pasándolo mal.

Pero me di cuenta de que la mayoría enganchamos con el asunto porque muchos hemos padecido sus arañazos, ya sean los celos propios o los ajenos.

Tuvo tal recepción entre los lectores que tuve que escribir la continuación: Cómo superar una infidelidad en 9 pasos (si de verdad quieres hacerlo) y creo que ese artículo está ayudando a mucha gente que desea seguir en pareja a pesar de todo. Recibo muchos mensajes (en su mayoría de mujeres) que optan por la segunda oportunidad aun sabiendo lo difícil que es.

Y ahí es donde me gustaría incidir, en la dificultad, en cómo la razón va por un lado y el corazón por otro.

Este mensaje es un ejemplo muy ilustrativo y es el que ha motivado el artículo:

“Mi marido me engañó durante 2 meses. Luego de analizar la crisis que veníamos viviendo y los detalles que él me contó decidí perdonarlo. Y decidimos juntos tratar de reconstruir la relación. 
Él se muestra muy arrepentido, dolido, etc. Se viene portando muy bien conmigo respecto a los bajones que tengo, siempre me responde a todo lo que le pregunto (aunque soy reiterativa a veces). Podría decir que vamos por buen camino.

El problema es que yo no puedo dejar de pensar en ella, según me dijo él, sólo fue algo físico, sin emociones, pero de todos modos yo me la imagino, cruzándonos en diferentes lugares, haciéndola quedar mal, etc. Trato de imaginar cómo es su vida ahora, que hace ella mientras nosotros disfrutamos diferentes momentos.

Sé que al imaginar esas cosas solo me daño yo (¡Ella ni se entera!) Siento que tengo una desconexión entre los pensamientos lógicos y los emocionales. 

¿Algún consejo?

M.R.” 

¿Cómo responder a este y a otros mensajes parecidos que recibo?

Son muchos los pensamientos que pasan por la cabeza de las personas que están en esa situación:

No significa nada para mí…

No hay nadie como tú…

Fue un error absurdo…

Nunca quise hacerte daño…

No quiero perderte por nada del mundo…

Solo paso una vez…

No me explico por qué lo hice…

No es para tanto…

Pero resulta que sí es para tanto. Uno querría pasar página, olvidar, pero la cosa se agarra al pecho y lo cubre todo de bruma.

Imaginamos cómo es, qué caricias se han intercambiado, aunque son casi peores las palabras. Y lo que más nos duele: los sentimientos.

¿Se le habrá encendido el corazón de alegría al ver a esa persona?

¿El cerebro ha tenido un cortocircuito que le ha dejado alelado?

¿Ha sentido el deseo de bailar en medio de la calle y se le ha escapado una sonrisa?

No podemos con ello.

Desearíamos ser los únicos que provocan esas reacciones, a pesar de que, en algunos casos, uno mismo dejó de vibrar hace rato.

Pero ahora, ¡oh no!, se lo provoca otra persona. Y se reanima un amor que andaba moribundo y se pone a aullar de dolor.

Solo conmigo.

Intentémoslo de nuevo.

Y uno lo intenta, pero no siempre lo logra, así que también es necesario saber decir basta cuando la relación ha llegado a un punto en el que el dolor lo ocupa todo.

A veces, las posturas de cada uno han cambiado ligeramente y el desencuentro va tomando posiciones.

O simplemente el otro te produce fastidio y su cuerpo también.

O el tedio lo ha llenado todo y solo queda un vacío denso.

Sí, hay veces en que la mejor opción es partir, de “a poquitos”, o de golpe, o tal vez lo más sabio es dejar que el tiempo haga su trabajo sin necesidad de padecimientos extras, sin necesidad de tomar ninguna decisión porque, en realidad:

Las decisiones no se toman, las decisiones se viven - Tuitéalo          
.

A veces, simplemente dejando pasar los días y mirando con interés el presente, la vida se recoloca sola.

Creemos que debemos tomar una decisión y tal vez se trata de acomodarse en el presente y encontrarle sentido al viaje, pase lo que pase, con sus oscilaciones entre alegrías y penas: unas no serían nada sin las otras. En ese transitar de un lado a otro, va pasando el tiempo, colorido y variado, como las estaciones.

Eso sí, compartir los dolores los hace más llevaderos; las historias de amor y desamor que nos contamos le ponen música a la existencia. Sería aburrido escuchar siempre la misma banda sonora, por bonita que fuera.

Y siempre nos quedará la venganza… que es una alternativa que no hay que descartar.

No puedo dar consejos, solo acompañar y proponer un brindis por esos acordes oscuros que son los que más nos enseñan y los que resaltan la luz de aquellos más claros y ligeros.

Una herramienta con la que tal vez te pueda ayudar:  Escucha esta entrevista

Porque como dice Joan Garriga (Psicólogo Humanista, Fdor. Inst. Gestalt de Barcelona) en uno de sus libros, El buen amor en la pareja, “…nadie tiene el poder de hacernos infelices ni tampoco de hacernos felices”.

A tu salud, M.R. y a la de todas las personas que lo pasan mal con la infidelidad. Estamos todos en el mismo barco. ¡Mucho ánimo!

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