Ayer se celebró el #CSMDay organizado por Cuatrecasas y me pareció muy interesante que en el entorno legal se debatan temas que pueden llegar a ser críticos en los próximos años, como el Big data o la posverdad. 

Yo participé en la mesa sobre influencers con Luis Soldevila, CEO Brandmanic & MarvelCrowd, gestión de influencers para marcas, Beatriz UrigoitiaIngeniera industrial y blogger y Miguel Ángel Gómez, CEO y fundador de la revista Influencers

 

 

Algo que me llamó la atención de la mesa fue la pregunta que nos hizo el moderador, Miguel Ángel: 

¿Los influencers se van a consolidar como profesión o se trata de una burbuja?

Como es un término tan “de moda” me gustaría reforzar algunas de las cosas que se vieron ayer:

Influencer es un adjetivo aplicado a alguien que puede aportar algo o generar opinión en un determinado sector .

Todos somos influencers unos de otros, con una audiencia mayor o menor, de hecho, hay quienes sostienen (con gran acierto en mi opinión) que nuestro grado de influencia va a ser nuestra moneda (o nuestra verdadera “posesión”) en el futuro. Nos ayudamos unos a otros, cada vez en cosas más concretas.

Hay distintos tipos de influencers pero hay algunos rasgos comunes:

Existe una tendencia hacia la hiper-especialización 

Tanto en el ocio como en el negocio, los nichos de mercado son cada vez más pequeños y tienen unas audiencias muy espécificas. Hay influencers en las áreas más variopintas (idiomas, tecnología, cocina, belleza, moda…), hasta de lo más loco: como el Susurrador de pollos.

Como comentó Beatriz, el error es que los chavales crean que eso de ser influencer es fácil… y no lo es; se necesitan unos básicos imprescindibles, como por ejemplo:

Servir para algo

Si no ejerces una “profesión” de forma destacada, sea la que sea, no hay influencia. Puede que cocines tartas, maquilles o hagas reír, pero si el Rubius deja de ser gracioso, no puede influir en nadie; si Belén Esteban deja de largar por esa boquita de piñón, se queda sin caché.

La profesión (sea del tipo que sea), es lo primero, a partir de ahí dependerá de nuestra comunicación, como siempre ha sido, lo que sucede ahora es que tenemos “datos” para medir esa influencia.

El tiempo es un excelente depurador

El 90% de los blogs en España no se han actualizado en los últimos 6 meses, es decir, se trata de blogs fantasmas, la mayoría de ellos porque no hay una razón poderosa para continuar. Si no alcanzas los objetivos que te hayas marcado: ya sean de difusión, de imagen de marca, de obtención de leads o de ventas, es muy difícil mantenerse en el tiempo.

Sin la suficiente motivación (económica, de imagen, de altruismo…), un influencer termina siendo un fantasma

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