Hoy tengo la sensación de que el tiempo no pasa, como si se hubiera detenido en el cambio de estación, como si las moscas que han de morir pronto se resistieran a volar para detenerlo. Hoy, las palabras suenan más largas y la respiración no acorta la vida. Hoy, en este instante, no pasa nada, solo escucho el leve sonido de las teclas al hundirse y de la mente al creerse que el resultado tiene significado. Hoy la espuma no se deshace en pequeñas explosiones, sino que se mantiene como un manto blanco e infinito que no necesita razones, ni física, ni química, porque no tiene explicación, porque el tiempo no pasa y no nos vamos haciendo viejos, aunque lo cante la merced, aunque lo digan todos los hombres de la tierra, aunque miremos a los ojos de la muerte indiferente. Hoy, esa vieja zorra no existe porque yo soy eterna, porque mi sonrisa se burla como si supiera algo que yo no sé. Hoy.

Y es cierto que en esta luz clara que imita al día, todo está detenido; aunque me rasque, aunque suspire, aunque mis dedos pretendan inútilmente hacer música, porque hoy entendí que el tiempo es cuestión de explosiones y no de líneas, porque entendí que las líneas las forman las palabras, una detrás de otra, al tratar de explicarlo, al tratar de darle un sentido que viaja por esas rectas como si fueran raíles infinitos que no llegan nunca al destino.

Hoy entendí; pero fue solo un rato. Luego la bruma enredó mis ojos y el sentido se escondió detrás. Si fuera capaz de escribir una novela en ese instante, si fuera capaz de morir. Pero suelo hacer líneas rectas que se pierden en el infinito como un vano intento de llegar.

Hoy me he dado al círculo, a la explosión, al saber saber. Hoy siento y no explico. Hoy.

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