Es la primera vez en muchísimos años que deconecto DEL TODO: un mes completo.

He revisado el correo electrónico por si había algo urgente y he consultado las cifras de los accesos al blog y de ventas de ebooks, pero nada más.

No he escrito posts, ni tuits. Sí he escrito ficción (una novela en la que estoy trabajando), pero no mucho por falta de tiempo.

Al principio me daban ganas de seguir activa en Twitter, pero quería probar la desconexión total, sobre todo porque justo antes de irme de vacaciones entregué el libro sobre Twitter que publico a finales de septiembre y estaba un poco saturada.

Yo suelo hablar de las bondades de desconectar de vez en cuando, pero tras un mes, no sabría deciros si ha sido positivo o no.

Sé que de las vacaciones me han sobrado:

  • Kilómetros
  • Acción
  • Calor
  • Comidas fuera de casa

Me ha faltado:

  • Escritura
  • Y calma (ambas debido a la acción)

Y he disfrutado muchísimo de:

  • La lectura
  • La familia
  • Dos o tres buenos amigos
  • El mar
  • Y el viento

Lo que sí tengo claro es que tenía unas ganas enormes de volver a:

  • “Mi caaaasaaaa… teléééééfonooooo”
  • A mi cama, mi almohada y mi ventilador
  • ¡A trabajar! En este punto confirmo lo que dijo Confucio: “Busca un trabajo que te guste y no volverás a trabajar un solo día de tu vida”
  • A la bendita rutina; y eso que por el tipo de trabajo que tengo es una rutina bastante poco constante, pero es como ese jersey viejo con el que nos sentimos totalmente cómodos.
  • A comer en casa.
  • A practicar mi deporte favorito. 
  • A las cosas y personas de las que me he ido rodeando a lo largo de estos últimos años porque son de verdad las que deseo…

Hay gente que sueña con las vacaciones todo el año, pero para mí, son como un paréntesis extraño que me confirma que me encanta mi vida todo el año. 

Tal vez el hecho de desconectar me haya servido para abonar el terreno de las nuevas ideas. Es cierto que desde que he “vuelto al cole” ya se me ha ocurrido otro mini ebook y varios ejercicios para mis cursos, pero mi mente lleva tiempo (desde que la dejo espacio) siendo fértil en ideas, lo que me falta es tiempo para ejecutarlas, pero uno de los aprendizajes más importantes de los últimos tiempos es que:

No sirve de nada agobiarse por no llegar a todo.

Ya sé que es casi imposible llegar a todo y no me importa. Este año pienso “hacer” con calma, a mi ritmo, disfrutando de cada letra que escriba, de cada curso y de cada conferencia, porque lo que sí he hecho (y mucho) es pensar en las personas que me leen o me escuchan y me he dado cuenta de que lo que de verdad me gusta es:

Divertir(me) comunicando.

Espero conseguirlo a lo largo de este curso. Si quieres comprobarlo y todavía no estás suscrito para recibir los posts por correo electrónico una vez por semana, lo puedes hacer arriba a la derecha.

Gracias por estar ahí y por leerme. Tenía muchas ganas de estar de vuelta contigo.

Este es mi hogar, mi casaaaaa… No es muy especial, es como cualquier otra, pero para mí es dulce y dorada.

Si quieres leer más sobre este tema, mira estos artículos:

Yo ya he salido de la crisis ¿y tú?
Tomar decisiones implica equivocarse
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