El otro día asistí con muchas ganas a una conferencia. Me interesaba MUCHO el tema y, sobre el papel, el conferenciante prometía. (No voy a dar datos porque no es necesario meterle el dedo en el ojo a nadie para que los demás extraigamos el aprendizaje).

El conferenciante tenía todo a su favor:

  • Una audiencia de más de 100 personas interesadas y “entregadas”.
  • Un tema interesantísimo.
  • Un gran conocimiento sobre él.

Además tenía muy buena pinta y era bastante guapo, lo que no es muy importante para hablar bien en público pero, de entrada, puede favorecer para dar una buena primera impresión.

¡Qué más se puede pedir! ¡Pero fue horrible!

Nos costó mucho esfuerzo aguantar hasta al final; nos fuimos en el turno de preguntas.

¿Por qué fue un desastre? Lo he estado pensando varios día y creo que hay un motivo fundamental y otros secundarios:

  • El conferenciante estaba TAN preocupado por hacerlo bien que no tuvo en cuenta lo más importante de una conferencia: LA AUDIENCIA. Nos estábamos aburriendo muchísimo y no lo notó ni lo evitó.  Es fundamental estar ATENTO y “escuchar” a los asistentes.

Otros errores que ayudaron a provocar el pequeño desastre:

  • Mostró un índice de lo que iba a contar y cuando se había pasado en más de media hora del horario previsto no había llegado al punto 6 de 10.  Y eso que no paraba de mirar el reloj. En la charla “post-conferencia” tomando una cerveza en el bar de al lado, lo comentábamos con un amigo y llegamos a la conclusión de que NO LO VEÍA. Si de verdad hubiera VISTO el reloj cada vez que lo miraba, habría abreviado.
  • Nos trató como a niños, hablando de forma lenta e infantil sobre los primeros temas de la conferencia y cuando llegó a los más complejos e interesantes, ya no había tiempo y los dijo de carrerilla, por lo que no se entendieron.
  • Hizo una introducción “graciosilla” sobre él y el hecho de hablar en público que se comió un 15% del tiempo disponible. Es recomendable un pequeño gag o broma para iniciar, pero máximo de 30 segundos; la audiencia está interesada por el TEMA no por la PERSONA, salvo si la persona es muy famosa o es un crack en comunicación.
  • Hacía un calor espantoso y costaba respirar. Esto no lo habríamos notado tanto si llegamos a estar embelesados con la charla, pero si lo sumamos al aburrimiento, daban ganas de salir corriendo. No lo hicimos por educación.

Ten en cuenta que el protagonista de una presentación o conferencia no es el ponente, sino la audiencia. Este es el factor clave para una buena comunicación. 

A veces tenemos todos los elementos a favor pero no sabemos aprovechar las circunstancias positivas porque estamos demasiado centrados en nuestras ganas de quedar bien y de impresionar a la audiencia. 

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