La semana pasada hablábamos de ser capaces de decir NO sin generar un conflicto, es decir lo veíamos desde el punto de vista del emisor.

Hoy nos toca recibir un NO por respuesta… y sonreír.

Cuando hablamos de la importancia de decir NO, parece que todos lo entendemos, “en cambio, seguimos insistiendo en que nuestros hijos obedezcan sin rechistar, pero saber negarse es algo muy importante y especialmente en el caso de los niños, ya que más adelante se enfrentarán a situaciones incómodas o a temas graves como las drogas y mantener su propio criterio será clave para su desarrollo humano. Y, una forma de aprender, es diciendo que no a sus padres cuando no están de acuerdo con algo.

Contradecir a los padres es de las primeras cosas que aprende un bebé y los niños lo utilizan para afirmarse. Luego, con los años, esta necesidad va disminuyendo y recobra de nuevo fuerza en la adolescencia. Cuando son jóvenes y tienen mayor autonomía les resulta más difícil decir “no”, ya que para ellos es importante evitar conflictos, que haya buen ambiente en su entorno y caer bien a los demás. Pero si no les enseñamos a manifestar su desacuerdo y a hacer lo que consideran apropiado, al final podrían anteponer las opiniones o deseos de los demás a los suyos, y esto podría causarles problemas de autoestima y seguridad, convirtiéndoles en seres volubles a expensas de los otros.”(1) Una buena forma de enseñárselo es aceptando su negativa a hacer algo.

Lo mismo sucede con los colaboradores o compañeros. Si no aceptamos su negativa o su desacuerdo con nuestro planteamiento, es muy probable que eso genere conflictos en el equipo o que no haya discusión real sobre los temas, ni un contraste de peso a nuestras ideas.” (2)

¿Y con la pareja, los amigos, los hermanos y cualquier otra persona del entorno?

Nos cuesta aceptar el NO porque pensamos que no nos niegan “la cosa” en sí, sino que nos niegan a nosotros como personas. Si invitamos a alguien a ir al cine y nos dice esa persona que está cansada, se nos viene el mundo al suelo porque nos habíamos hecho una imagen mental de los dos sentados en la semipenumbra comiendo palomitas y cuchicheando (o cualquier otra cosa :)). Pero el plan puede seguir siendo el mismo: voy yo solo y dejo los “cuchicheos” para otro momento.

Cuánto más independientes somos mejor aceptamos un NO por respuesta, cuánto mejor aceptamos un NO, más nos respetan a nosotros cuando lo decimos y más afianzamos nuestra independencia.

¡Es un círculo virtuoso!

(1) y (2) Extraído del libro Buen padre, mejor jefe

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