El otro día me escribió Luz, una alumna del método AME Comunicar comentándome:

“Aún en la Lucha para vencer el temor. A veces me entra la inseguridad y No quierooo, no quierooo. Pero sobre todo es por el correlato físico de los nervios, así que me presento, pero tomo propanolol a veces…”

¿Cómo sería dejar de luchar?

¿Puede uno, siquiera un momento, dejar de pelear consigo mismo?

Tratamos erróneamente de eliminar un temor que forma parte de la vida, que probablemente nos acompañe hasta el final.

Cada uno lo sitúa en un lugar:

  • La mirada del otro
  • La soledad
  • El abandono

Y en el fondo un miedo siempre presente y exacerbado a no ser “suficiente”. Y yo pregunto: ¿suficiente para qué? ¿Para quién?

Si tengo miedo, me martirizo porque lo tengo.

Si tomo medicamentos, porque no soy capaz de superarlo por mí mism@.

Si me lanzo y voy por buen camino, a que se me tuerzan las cosas…

El miedo nos hace la vida imposible y, lo peor es que es imposible que desaparezca, pues forma parte del ser.

Mira un conejo, un antílope, una nutria, cada cual teme a sus depredadores, están siempre alerta. Los más fuertes temen por sus crías y nosotros sentimos un miedo difuso porque somos conscientes de nuestro final.

Una forma de vivir en paz es dándole su sitio al miedo y acostumbrándonos a él.

Es decir, abrazarlo como parte de uno.

El otro día alguien me llamaba “valiente” por expresar lo que pienso sin tapujos. No lo soy, tengo miedo, como todos, pero trato de que no me detenga, de que no modifique mi conducta.

El miedo está ahí, pero me he ido acostumbrando a él; se ha convertido en un amigo.

A veces me salva la vida, otras me fastidia un plan o me hace darme la vuelta en un pasaje difícil de la montaña, otras me deja aturdida, con lágrimas en los ojos y ganas de morir en el corazón.

Sin miedo estaríamos muertos, y con él… ¿qué hacemos con él?

¿Nos convertimos en zombis?

¿En paranoicos?

¿En hipocondriacos?

A veces alguno, tratando de vencerlo, se pasa al otro lado y se convierte en abusador/a, maltratador/a, dictador/a…

Podemos convivir con él: dejar que nos ayude a prepararnos mejor e intentar que tenga menos protagonismo en el momento de la acción.

Hacer las paces con él y con sus síntomas porque está ahí para salvarnos la vida. Podemos dejar de intentar vencerlo y más bien abrazarlo…

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