La mirada del viajero: Italia, un país de contrastes

Por segundo año consecutivo, he pasado un mes en Italia, visitando y escribiendo, y me he dado cuenta de que nuestra mirada compara de forma paranoica.

No sé si a ti te sucede, pero es como si fuéramos incapaces de mirar sin etiquetar: esto es más moderno que, o menos cuidado, se parece a, es mucho más divertido, tiene una luz diferente que… “en casa” o en otro país similar que hayamos visitado, nuestra mente parece incapaz de no establecer rankings y comparativas, esto, que resulta evidente en el caso del turismo, lo hacemos también en nuestro día a día, con los compañeros, amigos, familiares… Fulanito es más “lo que sea” que Menganito. ¿O no?

En Francia, me llamaron la atención cosas muy diferentes que en Italia, el artículo que escribí a la vuelta de aquel país, estaba teñido de bonhomía, exactamente lo que destila el país vecino, calma, orden, las cosas bien hechas… en cambio, Italia me ha resultado todo lo contrario:

Italia es un país de contrastes: frontera entre continentes, culturas y tiempos - Tuitéalo          

Los italianos dicen que hay dos países en Italia, norte y sur, yo lo he recorrido de una punta a otra, pero en este caso me refiero más bien al sur, en el norte, he notado las mismas cosas, pero difuminadas en su transición al continente.

Lo que menos me ha gustado:

Para los italianos la calle parece ser la papelera colectiva, todas las autopistas, calles, playas (en las zonas que no son privadas), etc. tienen mucha basura, y cuando digo mucha, creo que no exagero, para muestra un botón:

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La foto la tomé en Palermo (Sicilia), pero me he pasado todo el mes pensando: “qué poco cuidan su país”.

Se respira una cierta agresividad en el aire (esto solo lo viví en el sur), me topé con varias peleas desagradables, personas gritándose… Tendrá que ver con la forma de hablar, pero a mí me resultaba violento.

La oferta comercial oculta el atractivo turístico: en los comercios te abordan para ofrecerte miles de cosas y las calles están tan llenas de chécheres para los turistas que casi no dejan ver aquello que uno ha ido a visitar, por ello, lo mismo que me sucedió el año pasado en Venecia, tuve que levantarme a las 6 de la mañana para ver los Trulli de Alberobello sin toda la parafernalia comercial.

En horario normal, en vez de admirar lo que muestro arriba, el turista se encuentra con lo de abajo:

Trulli - Alberobello

Lo que más me ha gustado:

Todo: el país es una absoluta maravilla, arte, arquitectura, cultura…, es innegable que en Italia está la crème de la crème del pasado europeo y, además, en cada rincón encuentras maravillas naturales que te dejan sin respiración.

Scala dei Turchi

                       Scala dei Turchi

La luz: si tuviera que resumir con una palabra el viaje, tal vez sería luz, resulta mágica en verano, con su brillo elimina la existencia del tiempo y te atrapa en el momento.

Atardecer en Italia

Creo que también se nota que es un móvil nuevo… 🙂

La amabilidad de las personas

Cualquier pregunta es bien recibida, intentan entenderte hables lo que hables, sonríen, saludan y te acompañan veinte calles, si hace falta, para mostrarte el camino.

Pero, sobre todo, me ha fascinado su vitalidad

Se ríen, disfrutan de la vida, de la comida, de la familia, de los amigos, son tempraneros y trasnochadores a la vez y parecen apurar el jugo de cada instante.

Un día, dando un paseo al amanecer, escuché el canto de un hombre de mediana edad (eso deduje porque había tres cabecitas calvas en el agua), a voz en grito cantaba sobre la sua mamma, “otros tempraneros”, pensé, pues eran las seis de la mañana. Me paré a escuchar y de pronto vi al padre sentado mirando hacia el amanecer y hacia ellos, al sol, que se alzaba agarrado todavía por una estela blanca, y a la madre, de espaldas, con los pies en el agua, tal vez le molestaba tanto brillo y prefería ver su reflejo en el agua, todos tan ricamente.


italia-pura-vida

Me costó separarme de ese remanso de pura vida, de aquel lugar que, en un rato, se llenaría de bañistas con sombrilla y alpargatas. Cuando absorbí suficiente belleza para paladear el resto del día, proseguí mi camino y el hombre que cantaba tronó desde el agua: “Ciao, signorina”, en mi cabeza sonó como el Buongiorno Principessa de Benigni, saludé como si de verdad estuviera en una película y seguí caminando “toda feliz”.

Para terminar, unos apuntes globales:

He visto una mayor incidencia y visibilidad de los refugiados, que a nosotros nos quedan algo más lejos, y se encoge el alma ante nuestra pasividad.

La mayoría de países están terroríficamente globalizados en lo comercial (aunque el comercio tradicional italiano creo que resiste algo más que el nuestro), uno encuentra las mismas tiendas, las mismas marcas, en todos sitios, y eso le resta magia al viaje.

Se nota que somos primos hermanos desde el punto de vista “humano”, uno se siente como en casa.

Me he encontrado un país de contrastes, extremado y vital, pero seguramente la experiencia de cada uno sea diferente:

Cuando uno viaja, se encuentra, en gran medida, el reflejo de su propia mirada - Tuitéalo          

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