La comunicación entre desconocidos y Blablacar

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La aventura de viajar con desconocidos

Llevo varios meses utilizando Blablacar en España, el covoiturage que dirían los franceses o el carpooling de los ingleses; nosotros no tenemos una palabra tan clara, sería algo así como el cococheo o cococheando… (¡¡que para mal suena!!), es decir, compartir coche.

A mí me ha ido bien. Suelo llevar el coche y se sube gente en las ciudades por las que paso, encuentro los pasajeros a través de la aplicación de Blablacar, que es francesa y funciona de cine (no sé cuánto tienen ambas cosas que ver).

Hay alguna otra:

http://compartir.org/

http://www.roadsharing.com/

Cómo funicona Blablacar

Uno se da de alta y publica o busca un viaje. Se puede elegir en qué ciudades parar, si uno acepta desviarse un poco o no, si el horario es flexible, para las mujeres existe la posibilidad de viajar solo con mujeres, el tamaño de maleta que se acepta, etc.

El viajero paga en el momento de la reserva, y Blablacar le paga al conductor una vez realizado el viaje por lo que no puede haber impago y no hay que intercambiar ni hablar de dinero, además, el conductor y los viajeros se evalúan mutuamente, si alguien no es puntual, o conduce mal, o es maleducado… tendrá valoraciones regulares y no podrá hacer muchos más viajes…

En esta ocasión me iba a Italia a escribir y decidí probar la aplicación para el extranjero…

Viajar con desconocidos ha sido una experiencia fascinante - Tuitéalo          

¿Por qué utiliza la gente este sistema de viaje?

Tras pensarlo bien, pero sobre todo tras experimentarlo, he llegado a la conclusión (al menos de momento, me reservo el derecho a cambiar de opinión) de que:

Desde el punto de vista del que lleva el coche:

  • Tienes conversaciones interesantes
  • Evitas dormirte
  • Conoces gente nueva
  • Incluso llegas a hacer algún amigo
  • Y encima te pagan por ello

¿Qué más se le puede pedir?

Y del otro lado, desde el del viajero:

  • Te recogen en un lugar más cercano
  • Vas charlando, durmiendo, pendiente de tu móvil o leyendo, a elegir
  • Llegas más rápido
  • Ves nuevas caras
  • Alguna se convierte en amiga
  • Y encima es el medio de transporte más barato…

Lo que está claro es que se trata de un fenómeno creciente, por lo que podemos suponer que tiene verdadera utilidad para las personas y, al menos en mi caso, el componente ecológico tiene un gran peso en la ecuación, no tiene sentido que haya todos esos coches que se desplazan con una sola persona dentro.

¿Qué sabes de ellos antes del viaje? ¿Puedes elegir?

Una vez que has publicado tu viaje, los posibles viajeros lo consultan y si les cuadra te piden una reserva. Puedes tener aceptación de reserva automática o manual (con un compromiso de las horas que tardas en responder).

Algunos, antes de pedir la reserva hacen preguntas de lo más variopintas. Os pongo algún ejemplo para que os hagáis una idea:

  • ¿Podría parar en tal sitio?
  • ¿Puedo meter un trípode?
  • ¿Una torre de ordenadores y pago la plaza?
  • Dos perros

En fin, de todo… Pero suele ser muy rápido. Dices sí o no y ya está.

En ese momento uno sabe poquito de quiénes son, al igual que ellos de ti: se conoce su valoración, la edad, el nombre (por lo que en la mayoría de los casos el sexo, salvo cuando el nombre es incomprensible), la inicial de su apellido y la edad.

Luego la aplicación te manda su móvil y algunos confirman con un mensaje o te llaman para asegurarse del lugar concreto de la recogida. Algunos re-confirman y requeteconfirman, otros no aparecen, esos son buenos porque no viajan pero recibes el dinero (si te avisan en las últimas 24 horas, pagan la mitad, si no aparecen pagan todo).

En este viaje, coincidí con un técnico audiovisual que iba al festival de cine de Calanda, pueblo de Buñuel, una canadiense simpatiquísima que se quita diez años en el perfil de estas aplicaciones, ha hecho de todo en la vida y me dio un montón de direcciones interesantes, películas para ver… Se me pasó el tiempo volando.

En el siguiente tramo, se produjo una interesantísima conversación entre una francesa de 43 años, directora de un colegio algo complicado, dos chicos franceses de 32 y 30, uno de ellos de origen egipcio, y yo. La charla fue preciosa porque los chicos estaban en los comienzos de sus relaciones respectivas y la otra mujer y yo, más próximas en edad, ya habíamos cerrado alguna que otra puerta que creíamos eterna. Todos escuchábamos con arrebato.

Yo siempre había dicho que los franceses eran muy interesantes pero incapaces de hablar de sentimientos, lo retiro. Hablábamos por turnos, escuchando de verdad a los demás, ninguno tenía nada que demostrar, ni nada que lograr, cada uno se iría por su lado unas pocas horas después y, en ese pequeño cubículo en el que ni siquiera podíamos mirarnos mucho a los ojos, o tal vez por ello, se produjo la magia: cada uno de nosotros fue franco y habló sin pretensiones de su situación sentimental, de sus preocupaciones y anhelos. Por momentos la otra mujer y yo nos mirábamos y nos reíamos, cómplices en edad y sexo, de vuelta de aquel sitio por el que en ese momento pasaban nuestros compañeros de viaje, ellos no entendían esa risa y tampoco se la podíamos explicar, puesto que la experiencia era la explicación. (Cuánto “Ex” por aquí, oins!!)

Creo que en mi viaje de regreso intentaré quedar con esa mujer con la que tuve cinco o seis horas de comunicación de la buena, y varios momentos de conexión.

En otro tramo vinieron tres chavales de unos 25 años:

  • Uno chileno-italiano-francés
  • Otro finlandes-argelino-francés
  • Otro martiniqués (o similar, no le entendí bien)-francés

La riqueza de la variedad humana, la posibilidad de escuchar otras historias sin emitir juicios, simplemente constatando unas determinadas formas de ver el mundo, sin esa necesidad que tenemos muchas veces de cambiarlo y ponerlo a nuestro gusto, como esos viajeros se irán en seguida de nuestro lado les damos la libertad de “ser”, sin juzgarles, con los que se van a quedar cerca nuestro más tiempo, nos permitimos opinar, evaluar y valorar cada una de sus acciones.

Cualquier relación da de sí lo que da de sí. Sin más. Y sin menos. - Tuitéalo          

La experiencia también me ha ayudado a ser consciente de cómo el cerebro intenta prejuzgar por una foto, una edad, una nacionalidad, un nombre… y cómo al no tener una imagen previa (en cuanto a una idea preconcebida sobre esa persona), ni un interés (a nivel de utilidad) y escuchar con atención, le sacamos el verdadero jugo a la comunicación, pero normalmente andamos detrás de tal o cual cosa, tratando de provocar tal o cual imagen, y nos la perdemos.

Como veis, rentabilidad (el viaje me costó muy poquito), buena compañía y una mirada un poquito más amplia. Ahora estoy lista para mirar en mi destino…

Ensalada-italia

4 Comentarios

  1. Marisa
    10 Agosto 2015

    Hola Natalia me ha encantado tu post y en cierta manera me he sentido un poco identificada!debido a un tratamiento no puedo estar al sol, me encuentro en Cádiz!asi que después de un baño en el mar me voy al chiringuito. Me suelo sentar en una mesa larga y siempre hay alguien, así que compartimos. Estando sola he hablado con gente diversa, aveces conversaciones de minutos, otras observo… Una delicia lo amable y diversos que son los madrileños y sevillanos, que es lo que hay en este rincón de la costa gaditana. Se establece una conversación temporal y no te une nada, solo la mesa larga… Se respira una amabilidad sin prejuicios, espontánea y tranquila.

    Responder
    • 11 Agosto 2015

      Qué asociación tan bonita, Marisa, gracias. Resulta liberador saber que uno se puede comunicar con otros seres humanos sin tantas ideas preconcebidas, ahora solo hace falta aplicarlo con los más cercanos…

      ¡Casi nada!

      Un abrazo,

      Natalia

      Responder
  2. Alex
    21 Agosto 2015

    Hola Natalia, gracias por acercarme a este nuevo medio de viajar. La verdad es que hasta no hace mucho los viajes siempre fueron una aventura. Normalmente se compartian. Solo ahora con el desarrollo y la extensión del automóvil y el avión, el viajero se ha hecho más individualista. Los viajes son mas comodos, seguros, cortos y rápidos, por lo que no hay ese tiempo que se tenia antaño. Antes los viajes eran mas duros por lo que las personas compartían mas, y esto facilitaba la comunicación y las experiencias.
    Blablacar, una idea surgida de la demanda de transporte barato nos lleva a la forma de viajar de antaño. Compartir el medio privado. Que bonito ver que resurge el espiritu aventurero y de socialización. Eso si que es viajar. Lo de ahora es mas bien desplazamiento.

    Responder
    • Natalia Gomez del Pozuelo
      26 Agosto 2015

      Gracias por tu comentario Alex, una preciosa forma de mirarlo…

      Un abrazo,

      Natalia

      Responder

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