¿Merece la pena hablar solo para unos pocos?

filosfía, arte, espacio, vattimo, oñate¿Crees que si un 80% del auditorio no te ha entendido, te has comunicado?

Eso sucedió el otro día en una charla sobre Arte y Espacio a la que asistí en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Fue fascinante en todos los sentidos, la charla, la compañía, la discusión posterior… pero mi gorra de “comunicadora” no me abandona ni un minuto cuando voy a cualquier presentación, evento o debate.

Os pongo en circunstancias:

Los ponentes llegaron 45 minutos tarde, pero a nadie pareció importarle lo más mínimo, yo estaba charlando con unos amigos y me resultó grata la espera, no sé si en otras circunstancias me habría molestado.

En el escenario, había una mesa cubierta de tela y cinco sillas, que luego quedaron en cuatro que ocupaban: Patricia Fernández (Arquitecta y presentadora del acto), Juan Miguel Hernández de León (Catedrático de Composición en la Escuela de Arquitectura y presidente del Círuculo de bellas artes), Teresa Oñate (catedrática de Filosofía Antigua y Medieval de la UNED) y Gianni Vattimo (importante filósofo italiano y uno de los principales autores del postmodernismo).

En la sala había unas 40-50 personas. En las primeras filas estábamos los más talluditos: profesores de la escuela, algún filósofo y dos o tres invitados que no teníamos que ver con la escuela ni con la filosofía pero nos interesaba el tema. El resto (la mayoría) alumnos de la escuela de arquitectura, de unos 19 o 20 años.

El saludo inicial, fue a cargo de un profesor de la escuela, que no se presentó, ya que dio por hecho que todos le conocíamos. Tuve que preguntar a la persona que estaba a mi lado, para saber quién era. Terminado el saludo se retiró de la mesa.

La presentación de los filósofos duró casi 15 minutos, porque solo la enumeración de sus obras fue larguísima.

La conferencia en sí. Para no haceroslo excesivamente largo comentar solo que tanto Juan Miguel como Teresa hablaron unos veinte minutos cada uno, en un lenguaje que para mí fue inaccesible, ya que manejaban términos alemanes y sus respectivas (y complejas) traducciones, conceptos filosóficos como hermenéutica, aletheia, ontología… y formas de pensar de unos u otros filósofos que o tenías completamente claras o perdías el hilo de las palabras (lo que me pasó a mí casi desde el principio). Creo que para la mayoría de los chavales fue como si les hablaran en una mezcla de alemán, griego y ruso. Aunque he de decir que Teresa hablaba con tal pasión que a pesar de no entenderla, su charla me resultó realmente emocionante, y algunas de las cosas que vislumbré eran fascinantes.

Tuve la sensación de que ambos (Juan Miguel y Teresa), a ratos, a quien hablaban de verdad no era a los que estábamos sentados en la sala, sino a Vattimo, el maestro, el protagonista de la sesión. Curiosamente, en mis cursos de comunicación, suelo decirles a mis alumnos que, en las presentaciones, tengan cuidado de no mirar siempre a la persona de más nivel jerárquico: el jefe, el profesor… o a esa persona que se sienta en la segunda fila y sonríe, con lo que pensamos que le está gustando y se lo contamos todo a ella, pero nunca había visto una charla contada para otro miembro de la mesa.

En cambio Vattimo habló para todos. Su charla fue como la de los grandes maestros, con infinitas lecturas posibles. En mi caso, que de filosofía sé lo que estudié en el colegio complementado con algunos libros leídos por gusto, entendí las palabras y pude captar parte del significado y disfruté muchísimo; cuando Teresa Oñate aclaró uno de los puntos tratados por Vattimo, me di cuenta de la increíble profundidad a la que se podían interpretar sus palabras en función de los conocimientos de cada uno. Sucede algo parecido cuando uno lee a García Marquez (o a cualquiera de los grandes):

Las palabras de los grandes maestros son comprensibles por todos y se pueden leer con diferentes grados de profundidad en función de los conocimientos de cada uno.

Por eso lanzo esta pregunta: ¿Nos estamos comunicando si el 80% de la audiencia no nos entiende?

El turno de preguntas fue lo más triste de todo, pues mostró de forma evidente lo que genera más problemas entre los seres humanos: el ego. Dos señores (creo que de la escuela de arquitectura) soltaron unas peroratas largas y aburridas con las que querían impresionar a la mesa, de pregunta no tenían nada, lo único que parecía que querían hacer era escucharse ellos mismos.

A pesar de todo lo que os comento, disfruté muchísimo de la conferencia y la discusión posterior fue muy interesante, de hecho, para dos de las personas que fueron con nosotros (que sabían mucho de filosofía), la charla había sido emocionante hasta las lágrimas. Tal vez si los dos primeros ponentes hubieran hablado con un lenguaje más accesible, no habrían sentido esa emoción.

Por eso me queda la duda: ¿merece la pena hablar solo para unos pocos?

 

Notebook Natalia

6 Comentarios

  1. JC Martin
    20 mayo 2014

    Creo que si eso ocurre, os has equivocado la charla, o has errado la convocatoria. Aunque mejor es hablar para unos cuantos, que no hacerlo.

    Responder
    • Natalia Gomez del Pozuelo
      21 mayo 2014

      Estoy de acuerdo contigo. Muchas gracias pro el comentario.

      Natalia

      Responder
  2. 3 junio 2014

    Querida Natalia, no estoy del todo de acuerdo con la pregunta; claro que se puede hablar para unos pocos (yo no he hecho otra cosa en toda mi vida), acuérdate del “para la inmensa minoría” a la que quisiéramos dirigirnos todos.
    Lo que no se debe es esconder la ignorancia y la falta de ideas detrás de un lenguaje pseudocientífico. Ojo, como no asistí a la conferencia no estoy diciendo que alguien lo hiciera así.
    Lo que veo con relativo placer es que mi querida escuela no ha cambiado en tantos años y sigue siendo el lugar donde más personas que se consideran a sí mismas genios hay por metro cuadrado 🙂

    Responder
    • Natalia Gomez del Pozuelo
      4 junio 2014

      ¡Qué bueno tener tus comentarios de nuevo por aquí! Y su regusto ácido… En realidad eran perlas, lo que nos contaron, pero no pudimos admirarlas porque no las entendíamos… (la mayoría). Eso que habría sido bellísimo en un entorno de filósofos resultó “ruso” entre los estudiantes. Como bien dices es un tema de lenguaje. Y sí tienes mucha razón en lo que comentas de tu escuela y sus metros cuadrados llenos de genios 🙂

      Responder
  3. Mar
    3 julio 2014

    ¡Interesantísima reflexión!

    Creo que lo más importante no es llegar, sino tocar. Tocar los sentimientos, la fibra, el corazón, la mente, … de los que te oyen. Creo que aunque solamente sea para una persona, merece la pena. Entiendo el arte de comunicar como la capacidad para cambiar una vida. No sabes hasta dónde llegará tu influencia, en el presente o en el futuro.
    Aunque sea una vida, habrá merecido la pena.

    Mar 🙂

    Responder
    • Natalia Gomez del Pozuelo
      3 julio 2014

      Muchas gracias por tu aportación, Mar. Un abrazo,
      Natalia

      Responder

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