El otro día hablábamos de la complejidad de la escucha y la lectura e hicimos un juego de interpretación de una frase de Borges:

“Estoy solo y no hay nadie en el espejo.”

El resultado ha sido interesantísimo.

Han interpretado la frase más de 50 personas y cada lectura ha sido única, intensa y especial, como cada lector.

Tenemos una mayoría que habla de una gran soledad y vacío, pero tenemos muchas más figuras:

Dos vampiros, un desaparecido, un hombre invisible, un muerto, un caballero sin sombra, un espíritu (¡qué bien!) y un fantasma. Parece la corte de los milagros.

A estos últimos ya no les afectarán los solipsismos, ni la nulidad absoluta, el vacío existencial, la aceleración o la traición, porque ya pasó ese momento de la muerte en el que todo cobra sentido.

Tampoco les afectará ya ese alejarse de uno mismo, ese no reconocerse, porque en realidad es como si no existieran.

Son también algunos los que no se conforman con lo que dice el autor, y comentan que, si observamos, siempre aparece alguien al instante, SI hay alguien en el espejo, alguien que te gusta.

Y está el transformador de Descartes, que no se ve, luego no existe.

Hemos inventado el “modo pensamiento” en contraposición al “modo rutina”, al “modo dinámico” o al “modo emocional” pero hay gente que aún en este modo, se quiere poco, ¿o será lo contrario? que la soledad permite disfrutar de uno mismo…

Pero nadie puede juzgarnos, ni siquiera nuestra consciencia, porque no hay nadie en el espejo.

Y volviendo a la realidad, una persona ha reproducido el juego en una escuela de español en Alemania y María Luisa nos cuenta lo que tal vez pensaba Borges y nos recuerda que cada frase, como cada ser humano, depende de su contexto, y esta frase también, por lo que no puedo más que poneros la preciosa poesía que ha dado lugar a este intenso juego, pero antes quiero mencionar a Joaco, que da con la clave del contexto del escritor: Borges ya era ciego.

Un sábado

Un hombre ciego en una casa hueca
Fatiga ciertos limitados rumbos
Y toca las paredes que se alargan
Y el cristal de las puertas interiores
Y los ásperos lomos de los libros
Vedados a su amor y la apagada
Platería que fue de los mayores
Y los grifos del agua y las molduras
Y unas vagas monedas y la llave.
Está solo y no hay nadie en el espejo.
Ir y venir. La mano roza el borde
Del primer anaquel. Sin proponérselo,
Se ha tendido en la cama solitaria
Y siente que los actos que ejecuta
Interminablemente en su crepúsculo
Obedecen a un juego que no entiende
Y que dirige un dios indescifrable.
En voz alta repite y cadenciosa
Fragmentos de los clásicos y ensaya
Variaciones de verbos y de epítetos
Y bien o mal escribe este poema.

Jorge Luis Borges

Gracias a todos por vuestras aportaciones. Queda demostrado que hay un significado para cada lector (o escuchante), por tanto:

Cuando hables o escribas, no des por sentado que el otro entiende lo que quieres decir. El otro entiende lo que quiere o necesita entender.

La conversación (oral o escrita) es solo una aproximación al otro.

Yo, ahora, os tengo más cerca.

Gracias de nuevo.

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