Dime cómo son tus padres y te diré quién eres… aunque tú no lo sepas

Madre e hijaLa otra tarde, me senté en una terraza frente a un parque a escribir y fue muy interesante observar a varios niños jugando y la actitud de sus madres.

Qué grandes maestras son la soledad y la observación. En mi opinión están muy unidas porque cuando uno está acompañado presta atención al otro, en cambio cuando uno está solo puede fijarse en el mundo y viene muy bien un poco de perspectiva de vez en cuando

Era una tarde preciosa, la luz se filtraba entre los pinos y vestía el parque de un dorado que parecía otoñal, la temperatura era suave y la gente a mi alrededor sonreía. Sí, ya lo sé, suena muy bucólico pero es que lo era.

Yo escribía solo a ratos, porque además de observar a los niños y a sus madres (en este caso no había padres), se colaban en medio las conversaciones de las mesas de al lado.

Me gusta escuchar mesas ajenas, es como mantener una conversación con personas con las que normalmente no coincidirías y, además, es una gran forma de aprender a escuchar ya que, al no tener la posibilidad de intervenir (quedaría un poco feo) prestas una gran atención a los matices puesto que no estás pendiente de lo que vas a decir, de lo que opinas o de cómo vas contestar.

Varias de las escenas que ocurrían a mi alrededor se conectaron entre sí para dar lugar a un pensamiento:

Cada gesto de nuestros padres está incorporado en nuestra esencia de la misma manera que lo están los genes.

Sé que no he descubierto la pólvora, todos sabemos que nos influyen en casi igual medida los genes y las circunstancias, pero “verlo” de una manera tan clara en alguien que no es consciente de ello me provocó una sensación muy potente de (re)conocimiento, fue la constatación de algo que ya sabes pero que suena a descubrimiento.

A mi lado, 3 “chicos” de unos 4o años charlaban sobre sus respectivos padres:

  • Una se quejaba de que su madre era totalmente indiferente a todo: “Mi madre pasa de todo; es una dejada. Ni se le pueden dejar los niños ni se puede contar con ella para nada”.
  • La otra comentaba que eso era mucho mejor que su caso: “La mía es una entrometida y estamos todo el día a la gresca”.
  • El chico decía: “Yo creo que a mí me gusta leer porque cuando mi padre, que era muy trabajador, llegaba a casa, mi hermana y yo apagábamos corriendo la tele, cogíamos un libro y hacíamos como que leíamos porque si no, nos llamaba tirados, y ya que estaba con el libro, leía. Supongo que por eso me terminó gustando”

(Curiosamente las dos chicas hablaban de sus madres y el chico de su padre)

Me quedé con esos trocitos de información y la mirada se me fue detrás de un pequeñajo que jugaba con la arena. Debía tener menos de dos años y se lo estaba pasando de miedo: tiraba la tierra al aire, hacía unos montones que luego pisaba y alisaba con la mano… Daba gusto verlo. Cerca suyo, la madre (supongo que lo sería aunque no estoy segura) bostezaba y miraba el reloj.

Lo uní con la conversación de mis vecinos de mesa y pensé: “De mayor este niño se quejará de que su madre es una dejada”.

Muy cerquita, había una niña de la misma edad que soltaba grandes carcajadas cada vez que se tiraba por el tobogán. Antes de que llegara abajo, la madre que sonreía tierna y orgullosa, la sujetaba para que no se hiciera daño. La niña se ponía en pie y volvía a subirse por la escalera. La madre la seguía corriendo y la ayudaba a subir. Cuando la niña estaba arriba la madre salía corriendo para esperarla cuando se tirara.

Y yo pensé: “Pero deja a la niña en paz, que se estampe pero déjala. Así no va a aprender nunca a medir el riesgo”.

(Hay que tener en cuenta que mis pensamientos son el producto, entre otras cosas, de los gestos de mis padres)

Lo uní mentalmente a la conversación anterior y me dije: “Esta niña se quejará de que tiene una madre sobreprotectora y entrometida”.

Al pensar en la charla de al lado mi atención volvió con ellos y escuché cómo el chico del padre trabajador despotricaba contra un amiga. Me pareció detectar en sus palabras una mezcla de envidia y animadversión.

“Es que tiene muchas inquietudes, pero es muy dispersa, no se centra en ninguna. Claro, como tiene dinero… Está mal de la cabeza. ¿Sabéis por qué le pasa eso? ¡Porque está ociosa! Si estuviera currando se dejaría de chorradas…”

Os fijáis que esas palabras las dijo el chico al que su padre llamaba “tirado” por ver un rato la tele después de haber hecho sus deberes…

Y yo pienso:

¡Cómo nos condiciona cada acto y cada palabra de nuestros padres y cuánto aprenderíamos sobre nuestras reacciones frente al mundo si fuéramos más conscientes de ello!

Estoy segura de que los dos niños del parque dirán que tuvieron una infancia feliz, pero eso no quita para que estén “marcados” por la actitud de sus padres.

Si comprendiéramos eso en toda su dimensión, seríamos más benevolentes con nuestros padres (porque a ellos también les condicionaron los suyos) y con nosotros mismos.

________________________

Buen padre, mejor jefe/Buena madre, mejor jefa: familia y trabajo, dos mundos relacionados de los que aprender.

12 Comentarios

  1. 16 julio 2012

    Muy buen post, Natalia. En las últimas semanas he pensado mucho sobre este asunto. Son temas personales, evidentemente, pero estoy totalmente de acuerdo contigo: los comentarios, los gestos, la actitud de tu familia y de tu entorno te CONDICIONAN enormemente para bien o para mal. Espero poder profundizar algún día sobre estos asuntos, pero será una conversación cara a cara. Buena suerte :).

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  2. Ricardo
    16 julio 2012

    Qué te voy a decir? Pues que todos los padres y madres deberían de tener tus post de cabecera! Gracias por tu constante observación y sensibilidad.

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  3. 16 julio 2012

    No podría estar más de acuerdo, somos “producto” de nuestras experiencias. Hace algunas semanas escuché que un niño hasta los seis años escucha casi tres millones de veces la palabra ¡No! si sus padres no son conscientes de la repercusión que puede tener tanta negativa.

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  4. Laura
    16 julio 2012

    Me ha encantado Natalia. Soberbio.
    Benevolentes los hijos?? No veo a muchos..otros tendrán razón pero al 80% es muy lícito tolerar muchas cosas a los viejitos, esos que un día también fueron jóvenes.
    Un saludo

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  5. 17 julio 2012

    Muy bueno Natalia, como siempre. Te recomiendo leer a Laura Gutman, si todavía no lo hiciste, en especial el libro “el discurso materno”. Explica muy bien lo que observaste en los niños y sus padres. Saludos.
    Daniela

    Responder
  6. 17 julio 2012

    Muy buen articulo, hace poco estaba en la casa de unos amigos observando el comportamiento de su nena una niña de 2 años preciosa, note 1 que estaba jugando con una carreta de compras para bebes, con esto deduje que desde niño estaba siendo programada con ser una ama de casa, si algun dia tengo niños yo preferiria darle a mi hija un juego de legos u otro objeto deseando que se convierta en un ingeniero, doctor que se yo, la niña boto un baso y en cuestion de segundos le echo la culpa a la mama citandola “yo nena, yo no bote fue mama” acto que nos parecio gracioso a todos pero analizando que desde los 2 años ella ya identificaba la culpa y otros factores, por eso estoy en contra de quien le habla a un niño con vos de bebe y no con vos normal, hablandole a otro individuo uno que aprende, y aprende mucho, no existe un manual para ser padre y la cantidad de cosas que el entorno programa es increible, yo en lo personal vivi mi infancia con problemas intrafamiliares por mis padres un caso muy comun en un pais como guatemala, fuera de que el fenomeno psicologico que lleva esto en ambas partes tanto el padre con sus problemas psicologicos y mommy issues al estilo freudiano como la madre que esta ahi por daddy issues aguantando un maltrato mas otros factores, en estos casos ambos tienen un problema como indicas en el articulo porque de esa forma fueron programados ellos y es un ciclo que se repite, yo quiero mucho a mis padres tampoco los santifico como hace mucha gente que dice mi madre es una santa, tengo padres humanos con problemas que algunos pudieron superar, pero la afirmacion de que segun sean mis padres sere yo, la veo un poco irresponsable de afirmar, en mi caso aprendi un monton de la psicologia por este escenario que me toco vivir, descubri un monton de esto y no creo que aunque haya sido programado en un entorno no favorable yo repita esto, con esta afirmacion indicas que nadie puede reprogramarse y que el autoanalisis no existe, (por sierto en mi estudio sobre este tipo de problemas conoci a muchos hombres con el mismo perfil, problemas con su madre como los que violentan a la mujer y en el caso de las mujeres el mismo perfil problemas con su padre y por lo general buscan a personas mayores en la relacion) saludos

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  7. 17 julio 2012

    Lamentablemente es más común “echarle la culpa” de nuestros problemas/traumas a nuestros padres, que darles méritos por nuestros logros. Sería muy bueno que cada uno pudiera reconocer las muchas influencias positivas de nuestros progenitores, y en vez de escuchar conversaciones, tan comunes y frecuentes, como la que has escuchado tu, pudiéramos oír frases como ” gracias a que mi padre me hizo valorar el esfuerzo, pude montar mi empresa desde cero” o “gracias a que mi madre siempre estuvo pendiente de mi , hoy puedo ser tan cariñosa y respetuosa con mis hijos”.

    Es una lástima que con lo fácil que nos resulta criticar en voz alta, los elogios siempre los hagamos silbando bajito.

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  8. @juanjo5419
    18 julio 2012

    Estimada Natalia, gracias por este post y todos los demás. En general estoy muy de acuerdo con lo que escribes (lo de los cuernos me lo estoy pensando, jajaja). He recordado un libro que me regaló mi madre, el día de mi santo de 2003, que seguramente conocerás: “Cómo perdonar a nuestros padres” de Jacques Paradis, Es muy interesante, cómo todo lo que escribes. Hay que reconocer que lo que somos lo somos en unos casos gracias a nuestros padres y en otros a pesar de ellos. Gracias.

    Responder
  9. 23 julio 2012

    Buenísimo Natalia, no obstante, me hizo pensar algo diferente: ¡Qué cantidad de cosas dependen de nosotros! Soy un defensor de la comunicación positiva (me encantará que “me visites”), y creo que debemos ser conscientes de la cantidad de detalles que contagiamos cada días, como padres, como hijos y como personas con nuestro entorno, sólo así podemos cambiar el mundo =)

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  10. 13 agosto 2012

    Me ha encantado Natalia. Te seguiré leyendo.

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  11. 20 agosto 2012

    “Dime cómo son tus padres y te diré quién eres… aunque tú no lo sepas”
    Ojalá fuera tan sencillo. La influencia está claro que es inevitable, pero, espero que no sea tan definitivo, y que cada quién pueda ser él mismo y no quienes fueron sus padres.

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  12. 22 agosto 2012

    Cuánta razón! Pero además de quejarnos mucho de nuestros padres, y por mucho que nos cueste reconocerlo, terminamos siendo iguales! Yo misma me he dado cuenta muchas veces de que me quejaba de la forma de ser de mi madre, y ahora soy igual!

    Enhorabuena por el artículo,
    Jéssica.

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