El caos forma parte de la armonía

Todo empezó con una explosión; un gran Bang.

Entre las muchas esquirlas que salieron despedidas, hubo una, redondeada por el rozamiento, que giró, junto con otras, durante millones de años alrededor de una estrella que ahora llamamos Sol.

Al principio, nuestro planeta sólo era un caos de fuego; un montón de polvo aglutinado parecido a muchos otros del universo, pero en algún momento, la distancia de la tierra al sol fue la adecuada y se dio el equilibrio perfecto capaz de generar vida.

Cuando se rompa ese equilibrio, como se rompen todos los equilibrios, cuando esa distancia varíe, vendrá otra vez el caos, y tras él, después de otros muchos millones de años, surgirá algo nuevo, seguro que también esencial para los que lo vivan.

No hay caos sin equilibrio previo, ni mal sin bien, ni belleza sin fealdad. “Sólo está vivo lo que  puede morir, sólo cuando uno asciende, puede caer o descender, y el que asciende, ya tiene dentro de sí el vértigo de su potencial descenso.”*

La filosofía oriental lo entiende bien, pero en occidente hemos emprendido una loca carrera que pretende negar la dualidad del universo y de la vida. “Queremos placer sin dolor, vida sin muerte, éxitos sin fracasos, palabras sin silencio, una economía de crecimiento ilimitado.”* Dividimos el mundo en dos y queremos sólo una mitad.  Negamos la naturaleza cíclica y rítmica de todo lo que es.

Pero cuando una persona acepta las cosas como son, se reconcilia con la existencia, con sus luces y sombras, y le invade la certeza de que todo está bien, porque vivir es una síntesis armónica de opuestos; detrás de toda aparente división, late una unidad. La dualidad, sería nuestra división de las cosas en buenas y malas, luminosas y oscuras, nuestra percepción de la salida y la puesta del sol, el día y la noche, en cambio, la unidad es el sol visto desde sí mismo.

Y el hombre tiene dos opciones: ver sólo con su mirada terrestre y limitada, o ver las cosas tal como son y dejarlas ser lo que son. Más allá de la dualidad, el mundo es uno, y el ser humano, uno con él.

La felicidad permanente no existe, ni la juventud, y las posesiones materiales y la actividad constante son sólo pequeñas dosis de anestesia para retrasar el reconocimiento de cómo es nuestro universo, nuestro planeta y nuestra vida: a veces caótica, a veces equilibrada, alegre y triste, falsa y verdadera, pero fascinante, y nosotros estamos aquí para poder ser conscientes de ello; para reírnos cuando las cosas van bien y llorar cuando no es así, para abrazar al que lo pasa mal, aunque el daño lo hayamos provocado nosotros, para levantarnos si caemos, pero también para sentarnos si estamos cansados, para amar y para odiar, en definitiva, para vivir, porque así es la vida, y también la muerte.

En el mundo hay sólo un heroísmo, ver el mundo tal cual es, y amarlo.

Román Rolland

* Mónica Cavallé: La sabiduría recobrada 

(Este artículo lo publiqué en la revista Avenue Illustrated)

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Si te gustan estos temas puedes leer también estos artículos:
La necesidad de hacer kilómetros en vez de dar pasos
Un texto de Galeano para empezar el 2013
Los protectores de la felicidad según Rojas Marcos

5 Comentarios

  1. Elena
    11 junio 2012

    Muy bueno Natalia, muy muy bueno. Da gusto comprobar cómo alguien se preocupa de ver un poco más allá de lo que nos rodea, y sabe expresarlo. Un saludo.

    Responder
  2. josé
    12 junio 2012

    Totalmente de acuerdo, tanto en el fondo como en la forma.

    Responder
  3. Cecilia
    12 junio 2012

    Impecable

    Responder
  4. 13 junio 2012

    Profundo. Al final se trata de intentar ser feliz conviviendo con la infelicidad.

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  5. angeles
    24 diciembre 2012

    Natalia, ha sido un placer dar contigo.

    Responder

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