Estoy convencida de que “lo digital” nos lleva hacia lugares inexplorados y muy potentes.

En el libro Elogio del texto digital, al que llegué gracias a una recomendación de Javier Celaya en Dosdoce (y especifico esto por lo que comentaré sobre las sinapsis), José Manuel Lucía hace un precioso viaje por la evolución de la “tecnología” de la escritura que veremos a continuación.

La oralidad y la escritura tienen mucho que ver con la creación, la conservación y la difusión del conocimiento, por eso es interesante analizar las diferentes etapas:

  • La escritura nació en torno al año 3500 a. de C. Fue una evolución de la oralidad como tecnología para combatir el olvido.
  • Al principio se utilizaban tablillas de arcilla o de cera (3300 a. de C.)
  • El uso de los rollos de papiro (siglo VII a. de C.) favoreció la democratización de la escritura y, en consecuencia, la generalización de la educación.
  • La aparición del códice (forma de libro) de pergamino (siglo II) supuso un cambio muy fuerte de tecnología.
  • Con la llegada de la imprenta en el siglo XVI se multiplicó el alcance de la información.
  • En el siglo XVIII, el autor, como creador del conocimiento, era glorificado.
  • El siglo XX fue el que trajo una nueva oralidad: el teléfono, la radio, el cine o la televisión.

La oralidad y la escritura son en realidad dos caras de la misma moneda: la difusión y conservación del conocimiento.

Y llegamos al siglo XXI con la aldea global y, en mi opinión, el manejo neuronal de la información (sea esta oral u escrita, poco importa).

Un texto (al igual que un archivo de audio o de vídeo), ya no tienen por qué ser algo lineal y plano, sino que puede estar interconectados con todo el conocimiento humano.

Ahora se trata de capas y redes de información, sin que eso suprima en absoluto el placer de leer una buena novela en un libro de papel. Si, además, uno está tumbado en un buen sofá con una copa de vino al lado, el placer es triple.

Para mí, la gran potencia de lo digital es que ya no hablaríamos de la inteligencia colectiva, que sería la suma de las inteligencias individuales, sino de la inteligencia colaborativa, que es la multiplicación de las inteligencias individuales.

Por tanto, en este presente/futuro digital, puede resultar interesante aplicar los siguientes principios:

  • Ser capaces de adaptarse al cambio. Liberarse del miedo es la mejor forma de trabajar (sí, de trabajar) en la actualidad.
  • Darle una patada al EGO. Ya no importa tanto el individuo, ni como escritor o creador de textos o imágenes ni como trabajador, sino cómo ese conocimiento está “en red” e interactúa con el resto.
  • Más que el número de neuronas lo importante son las sinapsis que se realizan. Si generas información o ideas de calidad, pero las guardas en un cajón, es como si no existieran. Si sacas la información y las ideas a la luz, éstas se reproducen y crecen.
  • Al igual que nuestro cerebro tiene neuroplasticidad (si ejercitamos una zona, ésta se desarrolla más), lo mismo sucede con la información mundial: puedes “inventar” el futuro de la humanidad desarrollando información sobre un tema determinado, que hará sinapsis con otros y crecerá.
  • Si te aferras a las ideas antiguas, no dejarás sitio para las nuevas y volvemos al primero de los puntos: sobrevive el que mejor se adapta al cambio.

La forma de procesar y conectar el conocimiento, las ideas y las personas, será lo que moverá el mundo.

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